martes, 2 de abril de 2013

Confiese, General*


Dice el general Ríos Montt que él no se enteró de las masacres, de las torturas, de la destrucción de los ranchos y los cultivos, de las desapariciones forzadas, de las ráfagas de ametralladora disparadas de manera indiscriminada, de las violaciones a mujeres, ni del éxodo de decenas de miles de guatemaltecos hacia el territorio mexicano.

Dice el general que a lo mejor se cometieron algunos desmanes, pero que él no llegó a darse cuenta. ¿Y dónde andaba? ¿Ocupado en arreglar los papeles del terrenito de Livingston? ¿Terminando la negociación de la granja en Fraijanes? ¿Ultimando la compra de su lote en La Antigua? ¿O escuchando paciente los informes de doña Tere sobre las casitas que había logrado enganchar en unos proyectos de la salida a El Salvador que les podrían garantizar una renta modesta pero suficiente para no volver a pasar estrecheses como las que la tenían harta mientras vivían ambos en Madrid?

Se produjeron decenas de masacres durante su gobierno de facto, general. Se acabó con casi todos los asentamientos humanos del área Ixil y se obligó a la población que no huyó a la montaña a reasentarse para ejercer control sobre ellos. Se violó mujeres. Se mató niños. Se empaló cuerpos para escarmiento de quienes quedaron vivos. Incluso se trató de lavar las conciencias con esos programas estatales que atendían con frijoles y tortillas a quienes antes se había disparado con fusil.

¿Y usted no se dio cuenta, general? Es una pena que a estas alturas de su vida no pueda siquiera atreverse a decir la verdad. ¿Por qué no nos confiesa que en algún momento intentó dominar esa violencia? ¿Por qué no nos explica que en medio de su mesianismo patético creyó que era capaz de sustituir los ataques feroces y enloquecidos por una firmeza legalizada de la que apenas dan cuenta los Tribunales de Fuero Especial y las grabaciones de aquellos erráticos discursos suyos los domingos por la noche? ¿Por qué no admite en público que fracasó? ¿Atribuyó a la voluntad de Dios ese fracaso, general?¿Por qué no nos explica a todos, cómo hizo para apaciguar su espíritu que sabía a ciencia cierta cuanta muerte desesperada ocasionaban las fuerzas del Estado que jefeaba? ¿Por qué no nos dice qué lo disuadió de dimitir hasta que ellos mismos lo echaron? ¿Qué fue más fuerte que la certeza del mal que se cometía para convencerse a sí mismo de permanecer en el cargo? ¿De verdad cree que estaba llamado a redimir a su nación? ¿O es que sintió miedo, general? ¿Temió que también lo atacaran aquellos a quienes usted, con su gestión, protegía?¿Siente ahora el mismo miedo, general? ¿Qué siente cuando contempla la posibilidad de volver a España? ¿De verdad lo confortan esos votos que en cada elección obtiene en los distritos en donde se derramó más sangre? ¿Confía en que sea suficiente prueba de que no merece castigo? No se engañe, general. Su cabeza se recuesta cada noche sobre una piedra.

*Por Juan Luis Font, domingo 16 de julio de 2006

4 comentarios:

latigo dijo...

Ese JL Font, "calzón que le toquen baila".

Hop Hunahpu dijo...

Lo jodido con hacer eso es que tenés que tener buena memoria...

Kei_Kurono dijo...

Lo de siempre, "intelectuales" mercenarios (sería un insulto sin comillas). Hop Hunahpu (o a Ixbalanqué en su defecto), ¿no pretenden comentarnos algo sobre el descaro y absurda tragi-comedia que vivimos el día sábado 27 de abril de 2013 con la gran inaguración de "Casa de Dios" de nuestro estimado "Ca$h" Luna? Con presentación presidencial y aplausos y risitas incluidas.

Hop Hunahpu dijo...

Hablar de religión no es una de nuestras prioridades pero de continuar mezclándose con la política será inevitable. Hay que estar pendientes. Saludos