viernes, 4 de enero de 2013

El Lenguaje de la Impunidad



 Desde que los antiguos griegos plasmaron las primeras palabras en piedras y papiros hemos sabido en Occidente del tremendo poder del lenguaje escrito. Poco después de su invención, el lenguaje escrito se convirtió en una herramienta de control de masas. De esos usos –en su obra maestra 1984- George Orwell imaginó con espeluznante exactitud la vulnerabilidad de las masas al poder magnificado de la palabra escrita cuando se combina con control mediático y político.

Muchas décadas después sabemos que los temores de Orwell tenían fundamento, particularmente en países subdesarrollados como el nuestro. La columna de hoy de Juan Luis Font: “ Duele Pagar al Vencido” es un buen ejemplo de como usar principios maquiavélico-orwellianos para difundir la narrativa dominante y como la distorsión mal intencionada de la realidad comienza con el lenguaje.

Sin leer nada más que el título se puede inferir que la gente que recibe resarcimiento de la CIDH era parte beligerante del conflicto (el vencido), lo que es decir militante. Y se infiere porque ya en el texto Font no se toma la molestia de explicar que prácticamente todas las víctimas que se han querellado contra el estado de Guatemala en la CIDH eran civiles.

Sin ser experto en esos casos y con la temeridad de un sofista Font se mete a cuestionar la validez de la jurisprudencia de la CIDH. No llegará a ningún lado con sus preguntas necias, pero sí logrará crear dudas en los incautos del jurado de la opinión pública al mejor estilo de Johnie Cochran. ¿Era eso lo que pretendía?

Para crear la ilusión de balance Font menciona como “motivo de debate” la denegación de justicia en el sistema nacional mejor conocida como impunidad. No profundiza en el hecho obvio que es la razón de que estemos así, la razón misma de su columna. Evidentemente el uso orwelliano-fontiano del lenguaje también incluye el callar o no llamar a las cosas por su nombre cuando conviene.

Prosigue Font con otra joya orwelliana: “partes en guerra”. Si pretende hablar en su columna de asuntos eminentemente jurídicos ¿No sabe acaso Font que no hubo tal guerra? ¿Ignora Font que el estado tomó la decisión deliberada de no dar status de beligerante a la guerrilla para no tener que someterse a la Convención de Ginebra? ¿Podrá imaginarse Font cuántas vidas se habrían salvado si en efecto hubiera habido guerra como él afirma? Lo conveniente de usar la palabrita “guerra” es que divide a los actores en dos bandos que hay que tratar igual, con “imparcialidad periodística”. Redistribuye las culpas de tal manera que es más fácil explicar y justificar la barbarie. Otros comentaristas del status quo ya tendrán de donde agarrarse.

Termina Font maliciosamente dejando en la mente de sus lectores la idea de que los demandantes quieren enriquecerse a costa del estado tal y como lo hacen los políticos, un elegantemente disfrazado pero crudo “pisto quieren” digno de Minondo Ayau.

Para los que no se hacen ilusiones sobre a quien representa, Font no tenía que haber escrito una columna tan larga para sintetizar la narrativa militar-oligárquica de sus anunciantes que dice que hubo guerra y que los vencidos eran militantes, y como eran militantes eran objetivos militares válidos. Ahora los guerrilleros que perdieron la guerra quieren enriquecerse a costa del estado. ¿Y Ud. que opina?

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