La
sabiduría comienza con la capacidad de llamar a las cosas por su nombre.
Proverbio chino.
Hace poco
más de siete años esta bitácora inició como un arranque de catarsis. La
bitácora nos dio la saludable opción de ventilar nuestras frustraciones con una
sociedad que tolera abiertamente la injusticia, la incoherencia y la impunidad.
La mayor parte de nuestras críticas las dirigimos hacia la deshonestidad de los medios, quienes creemos juegan un papel
fundamental en la preservación del status quo. El que su supervivencia
económica dependa del status quo
coloca a los medios en un evidente conflicto de intereses.
Contrario a lo que se les hace creer a las masas, la
verdadera causas de la terrible situación guatemalteca no son ni la corrupción ni
la impunidad. Estas son en realidad meras consecuencias de un modelo agrario obsoleto y antieconómico que perpetúa la
injusticia atávica y el desprecio total a la vida de los más vulnerables. La encarnación del “sálvese quien pueda” que
nos pinta de pies a cabeza.
Prácticamente
todo lo deleznable en la historia de Guatemala, incluyendo los crímenes de lesa humanidad del ejército, la
corrupción de las instituciones y el silencio criminal de los medios han tenido
el mismo objetivo común: la preservación del status quo. Ya sea para mantenernos aterrorizados, decepcionados
o desubicados, todos los militares, funcionarios y periodistas corruptos han
trabajado y trabajan para los pocos que se benefician del caos. De ahí que la farsa de cada cuatro años únicamente sirve para determinar quién habrá de ser el nuevo administrador de
la finca. El pan y circo que perpetúa el status quo en un cruel simulacro de
democracia.
A estas
alturas el tiempo se mueve circularmente, hemos dicho ya todo lo que teníamos
que decir y no vemos la necesidad de redundar. La imposibilidad de ver mejoras a esta
situación durante nuestras vidas es una realidad amarga que hemos aceptado con
dificultad. Las taras que pesan sobre nosotros (racismo, clasismo,
intolerancia, ignorancia, misoginia, desubicación total, ausencia de identidad,
autoestima y mediocridad) son demasiado pesadas como para desaparecer en una
generación. No nos engañamos.
Dejamos la
bitácora abierta para que quede constancia que de vez en cuando alguien dice “esta
boca es mía”. También para que alguien pueda utilizar el material original como
referencia. Nos vamos pero la solidez factual de nuestros artículos se queda. Dejamos
constancia que todos los señalamientos y afirmaciones contenidas en los temas
originales de esta bitácora tienen sustento real o referencias plenamente comprobables.
A pesar de que nunca fue prioridad para esta bitácora caerle bien a nadie,
agradecemos la paciencia de nuestros lectores, incluyendo la de aquellos que nunca
comentaron.
Nos despedimos
con una invitación a considerar la sabiduría del proverbio con que iniciamos
este artículo. Guatemala es un país profundamente atrasado e injusto. No es un
país pobre, sino un país riquísimo lleno de gente pobre. Un estado semifeudal
controlado por unas cuantas familias y sus empleados donde tanto izquierdistas
como derechistas comparten la misma tara: la obsesión por un modelo agrario
obsoleto y antieconómico.
