lunes, 13 de febrero de 2012

Cambio y Fuera


La sabiduría comienza con la capacidad de llamar a las cosas por su nombre
Proverbio chino.

Hace poco más de siete años esta bitácora inició como un arranque de catarsis. La bitácora nos dio la saludable opción de ventilar nuestras frustraciones con una sociedad que tolera abiertamente la injusticia, la incoherencia y la impunidad. La mayor parte de nuestras críticas las dirigimos hacia la deshonestidad  de los medios, quienes creemos juegan un papel fundamental en la preservación del status quo. El que su supervivencia económica dependa del status quo coloca a los medios en un evidente conflicto de intereses.

Contrario a lo que se les hace creer a las masas, la verdadera causas de la terrible situación guatemalteca no son ni la corrupción ni la impunidad. Estas son en realidad meras consecuencias de un modelo agrario obsoleto y antieconómico que perpetúa la injusticia atávica y el desprecio total a la vida de los más vulnerables.  La encarnación del “sálvese quien pueda” que nos pinta de pies a cabeza.

Prácticamente todo lo deleznable en la historia de Guatemala, incluyendo los crímenes de lesa humanidad del ejército, la corrupción de las instituciones y el silencio criminal de los medios han tenido el mismo objetivo común: la preservación del status quo.  Ya sea para mantenernos aterrorizados, decepcionados o desubicados, todos los militares, funcionarios y periodistas corruptos han trabajado y trabajan para los pocos que se benefician del caos. De ahí que la farsa de cada cuatro años únicamente sirve para determinar quién habrá de ser el nuevo administrador de la finca. El pan y circo que perpetúa el status quo en un cruel simulacro de democracia.

A estas alturas el tiempo se mueve circularmente, hemos dicho ya todo lo que teníamos que decir y no vemos la necesidad de redundar.  La imposibilidad de ver mejoras a esta situación durante nuestras vidas es una realidad amarga que hemos aceptado con dificultad. Las taras que pesan sobre nosotros (racismo, clasismo, intolerancia, ignorancia, misoginia, desubicación total, ausencia de identidad, autoestima y mediocridad) son demasiado pesadas como para desaparecer en una generación. No nos engañamos.

Dejamos la bitácora abierta para que quede constancia que de vez en cuando alguien dice “esta boca es mía”. También para que alguien pueda utilizar el material original como referencia. Nos vamos pero la solidez factual de nuestros artículos se queda. Dejamos constancia que todos los señalamientos y afirmaciones contenidas en los temas originales de esta bitácora tienen sustento real o referencias plenamente comprobables. A pesar de que nunca fue prioridad para esta bitácora caerle bien a nadie, agradecemos la paciencia de nuestros lectores, incluyendo la de aquellos que nunca comentaron.

Nos despedimos con una invitación a considerar la sabiduría del proverbio con que iniciamos este artículo. Guatemala es un país profundamente atrasado e injusto. No es un país pobre, sino un país riquísimo lleno de gente pobre. Un estado semifeudal controlado por unas cuantas familias y sus empleados donde tanto izquierdistas como derechistas comparten la misma tara: la obsesión por un modelo agrario obsoleto y antieconómico.

jueves, 2 de febrero de 2012

Los Otros Genocidas


El inicio del proceso penal contra Ríos Mont rompió un tabú mediático de tres décadas que no solamente era una vergüenza nacional sino uno de los mayores obstáculos a la reconciliación genuina.

Las expectativas son muchas y variadas, pero independientemente del resultado final, la primera audiencia del caso contra Ríos Montt ha cambiado permanentemente la estructura tanto de los debates pospuestos artificialmente, como de los silencios que permitieron el tabú por tantos años. No es pequeño detalle el que los reportes de los miles de muertos atribuidos a Ríos Montt ahora ya tengan status legal. Más importante aún es que ya se hable libremente de lo que verdaderamente ocurrió. Es un logro significativo el que periodistas ultraconservadores como Gonzalo Marroquín y Dina Fernández se hayan visto forzados a manifestarse sobre algo que siempre supieron pero que por cualquier razón decidieron callar por décadas.

El editorial de el Periódico (2-2-12) donde se exige el esclarecimiento del asesinato de Alberto Fuentes Mohr es otro paso en la dirección correcta que sugiere que los guardianes de los tabúes mediáticos chapines empiezan a entender que es contraproducente querer seguir tapando el sol con un dedo. La denuncia del GAM contra la ORPA por la masacre del Aguacate es también evidencia que a pesar de todo, las cabezas frías, la responsabilidad y la madurez pueden prevalecer. A pesar que tenemos un presidente que dice sin pudor que "no hubo genocidio" (nada más masacres, asesinatos, secuestros, violaciones, etc), la existencia de medios verdaderamente independientes como Plaza Pública, el apoyo de la CICIG y los inusitados niveles de competencia en el MP nos dan esperanza.

Pero hay más tabúes que deben romperse. El más evidente es el del silencio sobre la participación de civiles en la incitación, planificación, justificación o negación del genocidio por el que se persigue a Ríos Montt, quien no pudo haber hecho todo lo que hizo sin cómplices. Es imperativo entender que sino hubiera sido por el tabú mediático de tres décadas, gente como Fernando Andrade, Alfred Kaltschmitt, Francisco Bianchi, Harris Withbeck y otros  jamás habrían sido “columnistas” u ocupado cargos importantes en el estado. El momento histórico para desenmascararlos ha llegado al fín.

De los civiles que colaboraron con el régimen de Ríos Montt, el primero que debe ser procesado por crímenes de lesa humanidad es Fernando Andrade Díaz-Durán, mejor conocido como “Pelo Lindo”. Sobre este personaje pesa la responsabilidad de haber negado la existencia de políticas contrainsurgentes y violaciones a los derechos humanos, desarrollar la estrategia que le dio legitimidad en el exterior a los regímenes militares para los que trabajó y haber evitado reconocer a la guerrilla como beligerante. Si la guerrilla hubiera tenido status de beligerante el Estado de Guatemala se hubiera visto obligado a acatar la convención de Ginebra y los civiles en las áreas de conflicto hubieran gozado de protección inmediata. Sino hubiera sido por Pelo Lindo, una especie de Kissinger tropical, el número de víctimas hubiera sido muchísimo menor. No deja de ser una cruel ironía que a pocos días de la audiencia de Ríos Montt, el ahora ex columnista de el Periódico anunciara que regresa al servicio exterior a petición del presidente. ¡Qué tal!