Tropico
Pocas cosas
sintetizan el poco respeto que muchos en el mundo occidental sienten por los gobiernos
latinoamericanos como Tropico, un juego de video de construcción y gestión tipo Sims basado
en una isla ficticia en el Caribe. En Tropico,
el presidente militar tiene la plena
libertad de reprimir brutalmente a sus conciudadanos, enriquecerse con negocios
del gobierno, cooptar, corromper, intimidar o desaparecer a sus enemigos, ser
capo del narcotráfico o hasta de ser aliado de los gringos. Todas y cada una de
las acciones del presidente tienen consecuencias, pero independientemente de lo
que decida hacer, el presidente habrá
de gozar de poder e impunidad absoluta.
La pomposa,
anacrónica y militarista ceremonia de transmisión de mando, por ejemplo, nos
hizo recordar que los creadores de Trópico no necesitaron mucha imaginación
para dibujar una caricatura latinoamericana que más parece retrato. Muchos
latinoamericanos creen que el poco respeto que se les tiene fuera tiene que ver
con racismo. Cierto, el racismo existe, pero la verdadera
razón del desprecio se explica en la ausencia de valores. Somos, intolerantes,
machistas, hipócritas, racistas, e irrespetuosos de la ley. Para acabarla de rematar somos militaristas y
amantes del protocolo. Somos ridículos. El humor irreverente con que Tropico fue concebido sería menos
gracioso si no fuera por lo mucho que la estructura del juego refleja la
realidad de la política en las repúblicas bananeras.
El
cantinflesco discurso de el presidente Pérez Molina fue totalmente congruente
con la caricatura tropical, con todo y fanfarrea. No había necesidad de
recordarnos que la descripción de su empleo incluye hacer que se cumpla la ley.
Enumerar una por una las obligaciones cotidianas del Presidente no es
precisamente visión. La re entronización del ejército fue indiscutiblemente un
retroceso de décadas, la sola mención de las palabras inteligencia militar fue una ofensa a la memoria de miles de víctimas del conflicto.
Para ser
justos, Pérez Molina habló de la necesidad de reconciliarse y de que las causas
originales de la guerra aún existen. Pero es difícil ser optimista cuando para
mucha gente que rodea a Pérez Molina la reconciliación consiste en “perdonar y olvidar”, y cuando se tiene la certeza de que Pérez Molina es el presidente del arcaico status quo agrario que únicamente puede ser rentable explotando la sangre, sudor y lágrimas
de las paupérrimas mayorías. Si de verdad se quiere hablar de reconciliación,
le corresponde al ejército elaborar su propio REHMI, pedir perdón y renunciar a
la impunidad histórica. Si de verdad se quieren eliminar las causas originales
del conflicto tenemos que hablar por lo menos de una reforma agraria, un
programa masivo de educación y un plan nacional de industrialización.
A pesar de
que no consideramos que Pérez Molina tenga la solvencia moral para ocupar la
posición que ocupa le deseamos suerte. No nos hacemos muchas ilusiones pero ojala que pueda cumplir con sus promesas
de mejorar la seguridad y eliminar la corrupción (los efectos, no las causas de
la crisis), de pronto el presidente cree las condiciones para que algún día surja un estadista.


0 Cerbatanazos:
Publicar un comentario