viernes, 28 de agosto de 2009

Sin Fuerza Para Sonreír (Vergüenza Nacional*)




Desnutrición en Guatemala,
Vergüenza Nacional


The Economist, 27 de agosto del 2009




No, no es Africa, es Guatemala

La voluntad política es más escasa que la comida
.

No es el país más pobre de América Latina, pero de acuerdo a la UNICEF, casi la mitad de los niños de Guatemala están crónicamente desnutridos – el sexto peor caso del mundo- . En las áreas rurales, donde la población de origen Maya es predominante, la incidencia de desnutrición alcanza el 80%. Una dieta de poco más que tortillas causa daño permanente.
El problema crónico del hambre se ha vuelto agudo. El incremento a los precios de los alimentos a nivel mundial se ha combinado con la reducción de las remesas causada por la recesión en los EEUU (las remesas equivalen al 12% del PIB en Guatemala). Sequías en el oriente del país han empeorado las cosas más aún. Muchas familias que a penas pueden comprar frijoles, una fuente importante de proteína, se ven obligadas a vender los huevos de sus gallinas en lugar de dárselos a sus hijos.


El gobierno y los donadores internacionales proveen alimentos de emergencia a 300,000 personas regadas en más o menos 700 aldeas. Hasta 400,000 personas más podrían necesitar ayuda. En Jocotán, en el oriente del país, centros de rehabilitación han admitido docenas de niños en tal estado de desnutrición que el cabello negro se les ha vuelto rubio, la cara se les ha hinchado con la acumulación de flujos causada por fallas de órganos vitales, las venas les ha dibujado telarañas negras en las piernas y con los músculos de la cara demasiado débiles para sonreír.

Lo que hace este caso mucho más alarmante es que Guatemala es lo suficientemente rica para evitarlo. Otros países Latinoamericanos como Bolivia, Perú y Brasil han reducido el hambre infantil. Sin embargo, la incidencia de drástico subdesarrollo corporal –un indicador común de desnutrición crónica- en Guatemala es doble de la de Haití, donde los ingresos per cápita son únicamente una cuarta parte de los de aquella. El subdesarrollo corporal no es genético: un estudio hecho por el Banco Mundial demostró que los mayas en el sur de México son más altos que los del otro lado de la frontera.

Todo apunta a una falla gubernamental en Guatemala. La población maya fue víctima de una larga guerra civil entre las dictaduras militares y guerrillas izquierdistas. A pesar del arribo de la democracia, y eventualmente de la paz, las condiciones sociales han mejorado lentamente. La desigualdad de ingresos permanece extrema, incluso para los estándares latinoamericanos. Dos tercios de la población rural permanecen pobres. Guatemala aparece en el penúltimo lugar en un nuevo estudio del Banco Mundial que mide la desigualdad de oportunidades en Latinoamérica. Aún cuando la Ciudad de Guatemala tiene centros comerciales resplandecientes, mansiones con acceso controlado y restaurantes suntuosos, muchos indígenas sobreviven con agricultura comunal de subsistencia. “Esta gente fue totalmente abandonada en las montañas sin infraestructura, educación y salud” dice Rafael Espada, el vicepresidente.

Mucha investigación demuestra que los niños desnutridos tienden a sufrir limitaciones de aprendizaje que los hace terminar más pobres. Por lo tanto una alimentación adecuada debe ser el primer paso para romper el ciclo de la pobreza. Pero la educación también es vital. Guatemala se ha quedado atrás en la educación de niñas en particular. Como resultado, las madres no pueden preparar los suplementos de maíz y soya correctamente, y terminan dándole [los alimentos especiales para combatir la desnutrición] a todos sus hijos y no solamente a los que sufren de desnutrición.

El gobierno falla al no recolectar suficientes impuestos de los guatemaltecos más ricos para proveer buenas escuelas y salud a la mayoría, no digamos el tipo de programa de transferencias condicionadas que ha ayudado a reducir la pobreza en México, Brasil y otros lados en la región. Pero los guatemaltecos urbanos están más preocupados con el crimen rampante, la mayoría del cual proviene de las maras. Este gobierno, como su predecesor, está lleno de buenas intenciones. Pero varios intentos de llevar a cabo una reforma fiscal en la última década se han dado de cara con una muy enraizada resistencia política. Es de esperar entonces que la desnutrición continúe en un país donde debería considerarse una vergüenza nacional.

*Artículo originalmente publicado en The Economist el 27 de agosto del 2009. Traducción libre. Fotografía propiedad de Reuters.