sábado, 29 de noviembre de 2008

Certificando la Muerte de Monroe: Obama y la Segunda Independencia Latinoamericana



Hace ya casi un mes
, poco después de las 11 de la noche me tomé tres cervezas antes de dormir. No fueron cervezas comunes y corrientes en una noche que tampoco fue común y corriente. Fue una experiencia mágica de esperanza en la que el cinismo –enemigo acérrimo de la cerveza- no tuvo otra que achicarse y refugiarse detrás de la pantalla de la televisión.

Nunca me ha caído bien Wolf, pero la sabrosura del momento me tenía de tan buenas pulgas que hasta me compadecí de él. Para entonces la segunda cerveza alentaba a mis sentidos a capturar en la memoria un momento único en la historia de la humanidad. Un suceso que representaba al mismo tiempo la derrota más grande de las probabilidades y el mayor triunfo de las posibilidades.

Para los que de lejos creen que los EEUU son las imágenes artificiales de 90210 o Back to the Future, el triunfo de Obama habrá parecido inmenso. Pero para los que conocen más de cerca las avenidas tortuosas del país, la hasta hace poco inimaginable llegada del poder de un negro a la presidencia fue algo infinitamente más grande. Algo que podrá únicamente ser medido en décadas y vidas salvadas.

Los que piensan que me refiero a cambios radicales en la conducta del gobierno de los EEUU se equivocan. Hablo de una fuerza infinitamente más poderosa: cambios permanentes en la conducta de millones de seres humanos dentro y fuera de los EEUU.

La llegada de Obama al poder se da en el mismo momento en que la reducción del poder hegemónico de los EEUU es un hecho consumado y el capitalismo pasa a la historia como una utopía más. También se da en el momento en que los países de Latinoamérica consolidan su segunda independencia y certifican por su lado la muerte de la Doctrina Monroe.

Es media noche ya y no puedo evitar pensar que una América Latina soberana y un EEUU con menos opciones tienen que ser buenas noticias para el mundo. La hora de Latinoamérica se ve en el horizonte. La muerte de las ideologías hará posible que por fín se pueda entender el verdadero motivo de las luchas de Bolívar, Martí, Sandino, Arbenz, Guevara, Castro, Allende, Chávez, Morales y Correa, los verdaderos próceres de la independencia latinoamericana.

Se me acaba la tercera cerveza y es hora de ir a dormir. Apago la televisión, sonrío y trato de imaginar el impacto que la visita del Presidente Obama a Africa tendría en la memoria de un niño en Dar es Salam, Kinshasa o Soweto. También pienso que mañana será un buen día. Un presidente negro en los EEUU, un indígena en Bolivia, una mujer en Chile, un cura en Paraguay, un sindicalista en Brasil y un militar izquierdista en Venezuela me dan suficientes motivos para pensar que los cambios son posibles. Cambios en los que hasta yo puedo creer.