viernes, 31 de octubre de 2008

Falsos Positivos: La SIP y El Paraíso Llamado Colombia


La más reciente campaña publicitaria para promover a Colombia como destino turístico en el exterior termina brillantemente con la frase el único riesgo es querer quedarse.... Quienes tenemos el gusto de conocer tan bello país estamos de acuerdo que el querer quedarse no es ni siquiera una exageración. Pero para los colombianos pobres que no tienen la opción de no quedarse, los verdaderos riesgos de vivir en su propio país difícilmente se hacen públicos dentro de Colombia, no digamos en campañas mediáticas fuera de sus fronteras.

El extreme makeover de la imágen de Colombia en el exterior va de la mano con la idealización que los medios de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y los EEUU nos hacen de Alvaro Uribe. Es de señalar que la imágen positivamente adulterada de Uribe y de Colombia no es el producto de una campaña genérica de relaciones públicas, sino el plato fuerte mediático del Plan Colombia. Tampoco es el primer o único caso de manipulación de la realidad mediática en América Latina, sino un eslabón más en una larga cadena de distorsiones de los medios de la SIP. ¿Qué es y cuál es la razón de ser de la SIP?

De acuerdo a su propia definición, la SIP es “una organización sin fines de lucro dedicada a defender la libertad de expresión y de prensa en todas las Américas”. Suena muy bien. Cualquier persona de buena fé podría pensar que es una organización de periodistas enfrascados en la noble tarea de defender la libertad de expresión. Pero no es necesariamente así. Detrás de la máscara de organización periodística, la SIP es en realidad un club de empresarios cuya razón de ser es legitimizar el control mediático de sus respectivos “mercados” y coordinar la propaganda de los EEUU en Latinoamérica por medio de una fachada blindada con derechos fundamentales. ¿Cómo así?

Para comprender el histórico rol de Caballo de Troya de la SIP es necesario saber que ésta fué cooptada por la CIA para conducir el elemento mediático de la Doctrina Monroe en América Latina después de las segunda guerra mundial, cuando se utilizó en todo el mundo la plataforma ideológica del anticomunismo para justificar la conducta de superpotencia de los EEUU. Para entonces los gringos ya se habían aprovechado de su posición de únicos compradores de los productos agrícolas y materias primas de las oligarquías latinoamericanas para controlarlas. Y como estas eran los principales compradores de anuncios de los medios locales, no fué nada difícil trasladar el control del poder mediático directamente al despacho del embajador de turno. La sumisión de Latinoamérica por medio del chantaje económico y el control mediático resultó siendo mucho más barata, simple y efectiva que cualquier intervención militar.

Por décadas, los medios escritos de la SIP tuvieron el poder casi absoluto de manipular la realidad de las masas a nivel continental utilizando lo que los estrategas reaganistas cínicamente llamaban “perception management”. De esa cuenta, Arbenz fué un desalmado agente de Moscú, Allende fué el culpable del colapso económico de Chile, y Fidel Castro fué el responsable de la muerte de cientos de miles de víctimas de la represión gubernamental en Latinoamérica, falsedades todas que fueron la justificación para las muertes de mucha gente y que aún son consideradas verdades dogmáticas por un porcentaje muy alto de latinoamericanos. La demonización de la izquierda iba de la mano con imágenes de fantasía de los derechistas leales al imperio. Se nos hizo creer por ejemplo, que Castillo Armas “liberó” a Guatemala de la “dictadura comunista”, que Pinochet fué un “héroe”, y que la Cuba de Batista era un paraíso. En el falso imaginario latinoamericano construído por la SIP a puro perception management, la doctrina Monroe se impuso con fuertes dosis de un enfermizo “nacionalismo” que paradójicamente se caracterizaba por una lealtad canina a los EEUU. El genuino nacionalismo de los movimientos progresistas en cambio, se distorsionó brutalmente en “comunismo”, “socialismo” o cualquier otro término cuya perception management habría sido convenientemente negativizado (izquierda, ecohistéricos, populistas, etc) o debidamente asociado con caractéres demónicos como Castro, Chávez, Evo, etc.

En nuestros días, ejemplos paradigmáticos de la efectividad del perception management de la SIP han sido la cobertura que han recibido Hugo Chávez y Alvaro Uribe, dos líderes con mucho carisma y apoyo popular que son percibidos por el público latinoamericano de forma radicalmente distinta. Sin embargo, para el observador imparcial es imposible ignorar que el contraste de la demonización de Chávez y la idealización de Alvaro Uribe es perfectamente consistente con la opinión que de los dos mandatarios tiene la Casa Blanca.

Los que tenemos la opción de informarnos mejor sabemos que en la relatividad del surrealismo latinoamericano, la situación colombiana ha sido y es muchísimo peor que la venezolana. Sin embargo, los medios de la SIP quieren que pensemos que es al revés. Si los escándalos y disturbios que rutinariamente suceden en Colombia se dieran en Venezuela, serían no sólamente la comidilla de los medios convencionales en el mundo hispanoparlante sino “la versión oficial” en muchas otras partes. Si Hugo Chávez tuviera un pasado nefasto ampliamente documentado, hubiese sido el fundador de ejércitos paramilitares y fuese el hijo de un conocido narcotraficante, Venezuela probablemente habría sido invadida ya por una "coalition of the willing” al estilo Irak o Panamá. Pero no. Los escándalos se dan en Colombia y el señor con el pasado y presente tenebroso es Alvaro Uribe, personaje que de acuerdo a los medios de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) levita y camina sobre el agua. Los escándalos que tumbarían cualquier otro gobierno en el mundo se barren bajo la alfombra sin ninguna posibilidad de recibir la cobertura o la hostilidad que recibe el más inverosímil rumor anti Chávez. Por otro lado, el éxito del percepcion management para construír la imágen negativa de Chávez en Latinoamérica ha sido tal que prácticamente todas las campañas políticas de derecha la explotan. Las derrotas de Ollanta Humala en Perú y Lopez Obrador en México son atribuídas directamente al hecho que sus contrincantes los asociaron falazmente con Hugo Chávez, plenamente conscientes que el público tenía una imágen negativa de él.

Pero las cosas cambian. El tiro de la license to kill que los gringos y los medios le dieron a Uribe y que exacerbó la sed de sangre de muchos colombianos de por sí violentos les terminó saliendo por la culata porque ahora el silencio cómplice es obvio. El caso reciente de los falsos positivos (donde se demuestra que unidades del ejército colombiano financiadas por los gringos pagaron recompensas por cadáveres de “guerrilleros” que terminaron siendo civiles –gente pobre- vestidos de fatiga después de haber sido secuestrados y asesinados) ha probado ser demasiado, incluso para los surreales estándares colombianos. La cercanía a los centros urbanos ha hecho difícil para los medios guardar el silencio típicamente reservado para casos similares. La magnitud del escándalo y sus inevitables ramificaciónes les hará imposible seguir sosteniendo el estado de negación del 85% de colombianos con el escenario de utilería que pinta a Uribe como un mesías y a las FARC como los únicos responsables de todas las tragedias colombianas. Hasta medios incondicionales de Uribe en el exterior como The Economist y The New York Times, (coincidentemente enemigos acérrimos de Chávez) se han visto forzados a distanciarse de su otrora poster boy, quien de seguir así las cosas terminará como Pinochet.

La confluencia del despertar del pueblo colombiano, el colapso de la imágen artificial de Uribe en el exterior y la llegada de Barak Obama a la Casa Blanca bien podrían resultar en el fín del Plan Colombia. De ser así, sería nada más cuestión de tiempo para que Colombia se empiece a mover en la misma dirección que sus vecinos: hacia la verdadera emancipación. En cuanto a la SIP concierne, sus innumerables falsos positivos se empezarán a esclarecer poco a poco; el colapso del capitalismo gringo, la nueva independencia latinoamericana y los avances tecnológicos apuntan a que sus días de Caballo de Troya de los EEUU estén contados.

lunes, 27 de octubre de 2008

Por sus Frutos los Conoceréis

El rechazo de Alfonso Bauer a la Orden del Quetzal debió haber sido un sopapo político que todavía le debe arder a Alvaro Colom, especialmente porque viene precisamente del hombre que lanzó su carrera política. Para su mala suerte, Bauer no es el único que piensa que autodenominarse “socialdemócrata” y colgar imágenes de Arévalo y Arbenz en el palacio nacional sea suficiente para pretender ser el heredero natural de la Revolución del 44. La inconformidad también viene de otros sectores de izquierda que aún no se convencen de la orientación socialdemócrata de Colom.

No se puede negar que el discurso de Colom ha sido más o menos compatible con los ideales de del 44, pero ¿han sido sus acciones coherentes con el discurso?¿Es Alvaro Colom en realidad el heredero de la Revolución del 44?

Por nueve meses en esta bitácora le hemos dado el beneficio de la duda a Colom. Se lo dimos porque entendemos lo extremadamente difícil que es gobernar Guatemala. Consideramos que dentro del mar de incompetencia y mediocridad de la política chapina, sus planteamientos no sólamente eran los menos malos, sino infinitamente superiores a la alternativa militarista de la segunda vuelta. Se lo dimos también porque entendemos que Colom llegó literalmente impotente a la presidencia, y porque la adquisición y consolidación de poder es un proceso lento que necesariamente implica quitárselo a alguien más. La campaña negra que empezó con la contienda electoral y que increíblemente continúa al día de hoy, y la feroz e irracional oposición de la enormemente desacreditada prensa comercial también contribuyeron a nuestra posición inicial. Entendemos que ambas tienen el mismo origen y el mismo propósito.

Nos resistimos a criticar el poco éxito de la administración Colom con el control de la violencia porque comprendemos que es un problema con raíces mucho más profundas de lo que nuestra incompetente clase política está en la posibilidad de entender. Hace falta ser poco razonable, muy irresponsable o tener una agenda política descaradamente oportunista para esperar que las consecuencias superficiales de enormes problemas sociales de décadas sean resueltos en cuestión de meses. La crisis de la violencia en Guatemala es de tal magnitud que nadie, independientemente de que tan duras tenga las manos, podría ponerle fín de la noche a la mañana.

Tampoco se puede negar que hoy en día Colom detenta mucho más poder del que tenía cuando llegó, algo que se evidencia con el relativo control de las palancas políticas y la ligeramente reducida hostilidad de los medios comerciales. Es de reconocer también que la administración Colom ha demostrado ser más capaz que su antecesora, no necesariamente un cumplido cuando se consideran los obscenos niveles de incompetencia de la administración Berger. Como cualquier otro mandatario, Colom ha cometido errores, y ha tenido aciertos, pero considerar los pocos e incipientes logros de Colom suficientes para proclamarlo el heredero natural de la Revolución del 44 sería en el mejor de los casos, descabellado.

Para empezar, un verdadero socialdemócrata jamás habría considerado tener a una figura con la trayectoria nefasta de Francisco Bianchi dentro de su gobierno. El rábido anticomunista y liberacionista Bianchi, líder espiritual del genocida Ríos Montt ha tenido relaciones demasiado estrechas con el gobierno de los EEUU. No fueron pocas las veces que justificó abiertamente el genocidio en público. ¿Se habría asociado un verdadero revolucionario como Juan José Arévalo con alguien como Bianchi?

Un verdadero socialdemócrata tampoco se habría prestado a incrementar el poder del ejército, el mismo ejército cuya traición a Arbenz aún continua en la impunidad histórica. El mismo ejército que asesinó a su pueblo en nombre de una potencia extranjera. El mismo ejército que castró psicológicamente a generaciones enteras de guatemaltecos a puro terror. El ejército que continúa en la impunidad por traición y crímenes de lesa humanidad es el mismo ejército que hoy Alvaro Colom comanda. El mismo ejército que enraizó la anarquía y la cultura de irrespeto a la vida en la idiosincracia del mismo chapín que hoy en día no logra entender porqué tanta violencia. El mismo ejército que nos forzó en el subconciente que la arbitrariedad es la única manera de alcanzar objetivos. El mismo ejército que les enseñó a los demás criminales como prostituír, cooptar e intimidar la ley. Mientras la traición y el genocidio sigan sin castigo, el comandante del ejército liberacionista no podrá llamarse revolucionario.

La cercanía aparente o real a los EEUU, la resistencia a establecer lazos más fuertes con los países del sur y la falta de voluntad para imponerle impuestos a la oligarquía son muestras adicionales de inconsistencia entre el discurso “revolucionario” y las acciones de Colom. La estrechez de relaciones de la administración Colom con Taiwan es otra falta difícil de perdonar, sino de explicar. Los que verdaderamente creemos en los ideales del 44 no podemos darnos el lujo de olvidar que el establecimiento de relaciones con Taiwan fué uno de los elementos que definió la política exterior liberacionista. Por lo tanto, al estrechar las relaciones y aceptar las dádivas de Tai Pei Colom voluntariamente se convierte en el heredero de la liberación.

Aplaudimos la digna decisión de Alfonso Bauer, ejemplo personificado de integridad que nunca vaciló en poner los puntos sobre las íes incluso en los peores años del terror. En cuanto a Alvaro Colom concierne, es demasiado temprano aún para determinar su lugar histórico, sin embargo, sus acciones han sido lo suficientemente elocuentes para afirmar que por el momento podrá ser cualquier cosa menos el heredero de la Revolución del 44.

Fotografía: Ben Schilling