miércoles, 10 de septiembre de 2008

Réquiem por el Capitalismo

No señor, la foto no es una reliquia de la guerra fría. Y por aquello de las dudas, el pelón tampoco es Lenin. El tipo de la foto es nada menos que Ben Bernanke, chairman de la Reserva Federal de los EEUU, quien a nombre de su gobierno y a tan solo meses del rescate financiero de Bear Sterns tomó la decisión perfectamente racional de nacionalizar a los gigantes hipotecarios conocidos como Freddy Mac y Fannie Mae. La reacción fue tan positiva en los mercados del mundo que incluso algunos comentaristas hablan del fín de la crisis.

El silencio ensordecedor de las columnas neoliberales es prueba que nadie en su sano juicio negaría que los EEUU tomó la decisión correcta con el rescate de las dos FM. Sin embargo, desde un punto de vista de teoría económica, la nacionalización coloca a los EEUU en la misma lista de economías intervenidas que incluye a China, Vietnam y Cuba. Lo importante de este señalamiento no es sugerir que se le ponga a los EEUU una etiqueta de país socialista, sino demostrar que la doctrina capitalista de la guerra fría dejó oficialmente de existir, de la misma manera que el comunismo dejó de existir con la caída del muro de Berlín.

Por muchos años los propulsores del capitalismo pregonaron la sacrosantidad de la propiedad privada y que la única manera válida de producir riqueza era por medio del laissez faire (la inversión privada sin ningún tipo de intervención estatal). De acuerdo a las creencias capitalistas, los beneficios de las hazañas de los empresarios llegarían por goteo a todos los estratos sociales. Arguían los teóricos que si un empresario no se ceñía a los rigores de las leyes de la oferta y la demanda, la mano peluda e invisible del mercado se encargaría de castigarlos con ignominiosos resultados. Este equivalente dogmático a la ley de la selva se intensificó durante la guerra fría , cuando el individualismo y la ausencia de intervención estatal en la economía se consideraban el paradigma de superioridad moral del capitalismo sobre las economías centralizadas de los países socialistas de entonces que colectivizaban las pérdidas y ganancias de la sociedad entera.

El reconocimiento oficial de la ruptura del dogma capitalista es significativo por dos razones fundamentales. La primera porque evidencia que al igual que su contraparte ideológico, nunca existió en la práctica. En retrospectiva, es por demás obvio que los principios teoréticos del capitalismo fueron repetida y continuadamente violados por subsidios, cuotas, aranceles, monopolios, manipulación de la oferta y la demanda, privilegios, intervención estatal disfrazada de otras cosas y la omnipresente corrupción. Contrario a lo que se podría creer, y de manera menos obvia, las pérdidas de los indivíduos casi siempre fueron socializadas tal y como ocurrió en los países socialistas. Queda esperar entonces que la muerte certificada del comunismo y del capitalismo poco a poco habrá de abrirle las puertas a la lógica, al sentido común y a la solidaridad.

La segunda razón fundamental por la que la muerte oficial del capitalismo es significativa es que tal y como ocurrió con el comunismo, sus dogmas ya no podrán ser utilizados para justificar la imposición de sistemas totalitarios. Históricamente, los promotores del individualismo y el laissez faire han sido exactamente los mismos que rutinariamente han pedido la supresión de impuestos y la reducción del estado con el argumento de que si ellos no reciben nada del estado, no existe una razón por la cual el estado deba recibir algo de ellos. El colapso de Fannie Mae y Freddy Mac ilustra que la teoría no siempre corresponde a la práctica, que los beneficios intangibles del estado son difíciles de cuantificar y la infinita ventaja de la lógica sobre los dogmas ideológicos, especialmente cuando se trata de extender la mano para recibir.

Como era de esperarse, la muerte del capitalismo pasó desapercibida. Siempre ha sido un hecho que son pocos los que discuten lo verdaderamente trascendente de la historia y menos aún los que lo entienden en su momento. Pero el que sucesos tan significativos no hayan recibido la cobertura que recibió la caída del muro de Berlín y del comunismo confirma no sólamente que los dobles estándares continuarán hasta después de muertos ambos, sino que los formadores de opinión en realidad nunca entendieron las bases teoréticas de ninguno de los dos sistemas.

Al final de cuentas, la importancia de certificar la muerte de los dogmas va mucho más allá de demostrar que todo el mundo estaba equivocado o ilustrar la naturaleza peligrosa de los fanatismos. Sienta el importantísimo precedente que tarde o temprano, el sentido común prevalece.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El mal Karma de Chalo, Chepe y Chico Marroquín



El pleito de locatarias que resembla la contienda pública entre los accionistas de dos periódicos de amplia circulación evidencia que no todo es color de rosa en la gremial de vendedores de anuncios de Guatemala -también conocida como Familia Marroquín-, donde los cuatro matutinos de mayor tiraje viven simultaneamente agudas crisis financieras y/o administrativas.

Chalo Marroquín
De Prensa Libre y Nuestro Diario (ambos del grupo Prensa Libre) se sabe que los accionistas mayoritarios le quieren hacer el pase de la cazampulga a los minoritarios al negarse a pagar dividendos con la excusa de que necesitan comprar maquinaria nueva. En realidad, lo que los mayoritarios quieren hacer es estrangular financieramente a tres de los minoritarios (incluídos los administradores de Nuestro Diario) para que no tengan con que pagar la enorme deuda a la que se metieron cuando compraron poco más de un cuarto de las acciones del grupo. La arbitraria decisión se explica en que Jorge Springmuhl, Edgar Contreras y Gonzalo Marroquín adquirieron las acciones sin la bendición de los mayoritarios. Pero el tiro les salió por la culata porque nunca se imaginaron el escándalo legal que se les iba a armar. La burda maniobra también afectó a otros minoritarios que se terminaron uniendo a los rebeldes, que ahora suman más o menos un tercio de las acciones. Cuando se considera -por increíble que parezca- que el grupo Prensa Libre está valorado entre 100 y 200 millones de dólares, se podrá comprender no solo la dificultad de pagar las deudas en cuestión sino entender porqué los accionistas llegaron al extremo de sacarse mutuamente los trapos al sol en sus propios medios. La sobrevaloración del grupo se comprueba con el hecho que los dividendos no son siquiera suficientes para pagar el financiamiento de las acciones. Con todo y eso se necesitaría ser muy ingenuo para no saber que el verdadero valor de las acciones de Prensa Libre no está en el retorno de los dividendos sino en los beneficios colaterales de ser miembros de la empresa mediática más poderosa del país, algo que puede ser rentable de muchas maneras. En cuanto al futuro de los minoritarios poca duda queda que serán inmisericordemente aplastados por el flamante magistrado litigante José Quezada (de la CC), especialmente ahora que Gonzalo Marroquín traicionó a sus socios y se unió a los mayoritarios a pesar de que estos probablemente aún tienen planes de dejarlo en la calle.

Chepe Zamora Marroquín
De el Periódico se sabe que por ya buen tiempo había tenido problemas financieros debido en parte a una deuda enorme, en parte a no estar al 100% al servicio de la oligarquía o el gobierno, en parte a la competencia del trapo amarillo llamado Nuestro Diario y en parte a la mala administración. Es de hacer notar que al principio Chepe hizo el intento de establecer un medio genuinamente independiente. Contaba con la simpatía de muchas organizaciones periodísticas fuera del país y eso le permitió agenciarse de fondos para empezar. Pero pudo más la realidad, y a pesar de los periodistas de la nueva generación que lo diferencian, el Periódico se terminó convirtiendo en una versión más liviana de Prensa Libre que periódicamente pide “no más impuestos” desde el editorial. Ese giro al “mismismo” no ha sido visto con buenos ojos por algunos desmoralizados periodistas que reconocen en privado que el Periódico apesta. El último clavo de Chepe fué la gota que derramó el vaso y sin duda causará reacciones predecibles tanto dentro del equipo periodístico como de los financistas extranjeros y de la gente compradora de anuncios que lo considera una amenaza por su impredictibilidad. Conforme se va conociendo al verdadero Chepe dentro y fuera de las fronteras este se irá volviendo más y más radioactivo al punto que no le quedará otra que vender. Irónicamente, a Chepe la venta del periódico es una especie de póliza de seguro donde este le vale más muerto que vivo, no son pocos los que estarían dispuestos a pagar cualquier cantidad por él.

Chico Marroquín
De Siglo XXI se sabe que dejó de ser rentable hace mucho tiempo y que la única razón de ser de su existencia es servir de vocero oficial a la Universidad Francisco Marroquín y al neoliberalismo más radical de Centro América. Resulta irónico que la infalibilidad del mercado sea precisamente la razón principal del fracaso de Siglo XXI, sintetizado en la “venta de un producto” que nadie quiere: las ideas neoliberales. Cierto, la obstinación de continuar con un proyecto antieconómico pone de manifiesto la hipocresía de los supuestamente buzos capiruzos economistas y administradores de empresas que rutinariamente nos sermonean sobre responsabilidad financiera. Pero como ocurre con otros medios no rentables, los ideólogos neoliberales jamás estarían dispuestos a admitir que el verdadero valor de Siglo XXI radica en el poder que da la franquicia, algo que no siempre se puede comprar con dinero.

Coca Marroquín
La Hora no entra en la colada de este análisis, sin embargo, las vicisitudes de los parientes bien podrían representar una buena oportunidad para Coca, director del único medio decente del país y que por lo mismo no goza de la estima de la oligarquía compradora de anuncios ni de las juventudes alienadas que viven mentalmente en Miami. El colapso de la competencia bien podría servirle a La Hora no sólamente para salir de la quinta casilla sino para cumplir la importante función de hacer más accessibles sus puntos de vista alternativos a las masas, aún cuando eso implicara salirse del nicho vespertino.

Los problemas que viven los medios de comunicación “más importantes” deben considerarse como algo positivo para la libre expresión porque desnudan la fragilidad moral de sus dueños, quienes quedan retratados por lo que verdaderamente son: vulgares comerciantes de la información. Ilustran también que los beneficios económicos directos pueden no estar ahí, pero los indirectos y el poder desmesurado sí, explicando así el interés de mucha gente de meterse a inversiones ridículamente sobrevaloradas de dudosa rentabilidad.

En esta bitácora siempre hemos denunciado la complicidad de los medios con el status quo neandertalista, vendepatria y feudalista que por más de 50 años ha mantenido al país en estado de postración permanente. Lejos de jugar un papel positivo, los medios que se han prestado a la politización abierta y a someter la agenda editorial a la voluntad de los compradores de anuncios han sido parte del problema. Por esta razón creemos que la situación actual presenta una oportunidad para la emergencia de medios alternativos con nuevos paradigmas y para la sociedad de separar la libertad de expresión de la vulgar venta de anuncios.