martes, 26 de agosto de 2008

No Estaba Muerto, Andaba de Parranda



En el mundo mediático suele suceder que lo que los medios callan es tanto o más importante que lo que nos dicen. De ahí que el caso del misterioso silencio ante el “secuestro” de José Rubén Zamora confirma que las versiones extraoficiales sobre su “desaparición” no fueron simplemente el producto de la imaginación de mentes calenturientas como la de Palmieri. No es detalle insignificante el hecho que los hermanos Oscar y Gonzalo Marroquín, directores de La Hora y Prensa Libre respectivamente, hayan decidido permanecer callados ante la denuncia de secuestro de su primo hermano y director del Periódico. Semejante falta de solidaridad resulta difícil de concebir incluso en la olla de cangrejos llamada Guatemala.

Pero aún cuando sobraran las razones para explicar el silencio de los medios guatemaltecos, lo que verdaderamente resulta difícil de comprender es el silencio de la SIP, el club de dueños de medios de las américas. Un crímen tan grave como el señalado por Zamora debió haber generado por lo menos una denuncia pública en el sitio web de la SIP. Pero no. Evidentemente los primos saben algo que el resto de la población no sabe.

No se trata de criticar la vida personal de personajes públicos. Total, una o dos noches de farra con guaro, putas y cocaína es más falta de buen juicio que crimen, algo que en un país amoral como Guatemala es bien difícil de diferenciar. Sin embargo, lo que no se puede permitir es que individuos en posiciones de poder utilicen las mismas para protegerse de críticas legítimas a su conducta irresponsable.

En el caso de José Rubén Zamora, es imperativo que el Ministerio Público investigue a fondo las serias acusaciones de secuestro. Si se llegara a comprobar en los tribunales la versión de Palmieri, el Sr. Zamora estaría siendo culpable no solamente de falsa denuncia y delitos conexos, sino de abusar de su condición de periodista para obtener privilegios no disponibles para los ciudadanos de a pié. El crimen debe esclarecerse porque ni Zamora ni ningún otro empresario de la publicidad deberían estar por encima de la ley.

Al final de cuentas, e independientemente de lo que suceda desde el punto de vista legal, Zamora habrá despilfarrado la poca credibilidad que le quedaba al Periódico. Su irresponsabilidad y falta de decencia serán cruelmente criticadas en el peladero real, ese cuyos detalles jamás se publican.

viernes, 1 de agosto de 2008

Los Nuevos Miembros de AVEMILGUA

Desde la traición a Arbenz hasta el último intento de golpe de estado, el Ejercito de Guatemala no ha sido sino un yunque atado al cuello del sufrido pueblo de Guatemala.

A raíz del reciente comunicado –supuestamente apócrifo- atribuído a AVEMILGUA, el Presidente Colom sorprendió a tirios y a troyanos cuando decidió remover de sus puestos a prácticamente toda la cúpula del ejército. No dejará de ser una ironía el que los ahora descontentos exmilitares pasarán a engrosar las filas de la infame organización que directa o indirectamente fue responsable del fin prematuro de sus carreras.

Es de aplaudir la reacción del Presidente, ya que deja muy claro que los años 80 quedaron atrás. La cura en salud de Colom le envía un mensaje muy claro tanto a los potenciales golpistas dentro del ejército como a AVEMILGUA, entidad que a pesar de no reconocer la autoría del documento en cuestión está repleta de indivíduos cuyas acciones y declaraciones pasadas han sido del todo congruentes con el texto del supuesto apócrifo.

En cuanto a AVEMILGUA, tiene que entender que el violento lenguaje macartiriano de odio y falsedades ya no convence a tantos incautos como lo hizo en el pasado. Debería en su lugar tener la entereza de reconocer que muy buena parte del sufrimiento del país se debe a las acciones de muchos de sus miembros. Desde la traición a Arbenz hasta el último intento de golpe de estado, el Ejercito de Guatemala no ha sido sino un yunque atado al cuello del sufrido pueblo de Guatemala. En su ahistórico y anacrónico discurso se les olvida el pequeño detalle de que la guerrilla y todas las desgracias que convenientemente le atribuyen jamás habrían existido sin ellos.

Malo que bueno el pueblo aprende; los tiempos y la tecnología permiten que el pasado se conozca cada vez mejor. Mientras los serviles empleados históricos de los gringos, los autodenominados "hijos del honor, el deber y la gloria" sean totalmente incapaces de reconocer sus propios crímenes, la única manera de describirlos objetivamente será por medio de lenguaje que inevitablemente suena a insulto: una partida de parásitos, traidores, asesinos, irresponsables y ladrones, el cáncer más triste y más grande de la historia del país.

Fotografía cortesía de James Rodríguez, www.mimundo.org