domingo, 13 de julio de 2008

Petrocaribe y el Silencio de los MBA

¿Quienes son entonces los que se verían afectados por el ingreso de Guatemala a Petrocaribe?; Más importante aún: ¿Cuántos son?

En el mundo de los negocios, la salud financiera de una empresa se define principalmente por el balance general y el flujo de caja. En términos muy simples el balance general determina el patrimonio neto de la empresa, mientras que el flujo de caja quantifica tanto la proporción del patrimonio como el crédito disponible en cualquier momento para inversiones y gastos.

Como bien podría dar fe cualquiera que haya ido a un banco, el tener un patrimonio neto positivo (e.g. una propiedad) no siempre es suficiente para obtener un préstamo. Para los analistas de crédito es necesario que exista también un flujo de caja positivo (e.g. un empleo estable); de hecho, el flujo de caja positivo o liquidez es el factor más importante en el análisis de capacidad de pago porque a diferencia de activos menos líquidos, es mucho más fácil de predecir a plazos relativamente largos.

En este contexto, para la empresa llamada Guatemala sus muchísimos recursos representarían contablemente un inmenso patrimonio, mientras que sus precarios ingresos fiscales una gran falta de liquidez. Y como la iliquidez se parece muchísimo a la pobreza, la dolorosa descripción de nuestra realidad desde una perspectiva contable sería la de un país inmensamente rico lleno de gente pobre. O dicho de otra forma: Guatemala no es un país pobre, es un país ilíquido.

El ingreso de Guatemala a Petrocaribe representaría una gran oportunidad de incrementar la liquidez del estado. Entiéndase: enormes cantidades de dinero para invertir. Sin embargo, esta oportunidad única ha generado una tan predecible como irracional cobertura negativa en algunos medios de comunicación, quienes irresponsablemente utilizan el miedo y la desinformación para promover una anti-agenda política que literalmente les viene del norte.

Considerando el impacto que dicha incorporación podría tener en la economía nacional será necesario primero evaluar la validez de los argumentos de los críticos y después discutir Petrocaribe desde puntos de vista más racionales.

El primer argumento de los detractores de Petrocaribe es que un porcentaje significativo de la población, o “diferentes sectores” se oponen al proyecto por razones que los críticos se niegan a explicar; el segundo argumento se asocia con el incremento de la deuda externa, mientras que el tercero se basa en los supuestos beneficios políticos para Hugo Chávez.

En el primer caso, se podría decir con mucha seguridad que no habría un solo guatemalteco que no habría de beneficiarse con la incorporación del país a Petrocaribe, incluyendo los importadores de gasolina. Directamente por la garantía del suministro. Indirectamente como beneficiario de las políticas de estado que serían posibles gracias a la liquidez asociada con Petrocaribe. ¿Quienes son entonces los que se verían afectados por el ingreso de Guatemala a Petrocaribe? Más importante aún: ¿Cuántos son?. El más simple de los análisis demostraría que no existe un grupo significativo de personas que pueda verse afectado. Tal parece que la noción de que “diferentes sectores” se oponen no es sino un argumento vacío utilizado para enmascarar el argumento político que discutiremos adelante.

Los que argumentan que Petrocaribe no sería sino un inherentemente malévolo plan para endeudar perennemente a Guatemala hacen tal alarde de ignorancia que verdaderamente da vergüenza ajena. En primer lugar, la forma deshonesta en que se niegan a explicar las ventajas de Petrocaribe desde un punto de vista puramente financiero deja mucho que desear de los que representan y son parte del “sector privado”, tan empresarial, tan competente de Guatemala (según ellos), y tan lleno de MBA’s. El querer pintar Petrocaribe como una tarjeta de crédito sin límite en manos de un adolescente irresponsable no es sino una declaración de desconfianza al gobierno de turno, algo perfectamente válido, pero irresponsablemente prematuro a estas alturas del juego. Inexplicablemente, los críticos no dicen que hasta el más irresponsable de los gobiernos tendría que establecer un calendario de pagos antes de recibir el primer embarque, ni que las inversiones hechas con los nuevos recursos tendrían que tener una tasa de retorno mayor que la de los intereses. El negarse a explicar que el buen o mal uso que el gobierno de turno le pueda dar a los fondos no tiene absolutamente nada que ver con los méritos financieros de Petrocaribe sugiere –de nuevo- motivaciones políticas que difícilmente podrían explicarse con la realidad.

El que Guatemala no se integre a Petrocaribe porque representaría un beneficio político para Hugo Chávez es el más sincero de los argumentos. Pero también el más irracional. Para empezar, el espanto llamado Hugo Chávez no es sino la creación de quienes ven en el líder sudamericano una amenaza a la hegemonía gringa de la que se amamantan. Tampoco hay que olvidar que no sería la primera vez que Venezuela otorga condiciones preferenciales a sus vecinos en la factura petrolera. Los beneficios políticos para Chávez serían tan pequeños como lo fueron en su momento para Carlos Andrés Pérez. Pero independientemente de que tanto se beneficie, la lógica que debe cuestionarse es la que sugiere que un beneficio político para Chávez automáticamente representa un perjuicio para Guatemala.

No es casualidad que los que critican la incorporación de Guatemala a Petrocaribe sean los mismos que forzaron el TLC, los mismos que patrocinan a Sabino, los mismos que se alegran con el lanzamiento de la IV Flota, los mismos que etc, etc, etc. Exactamente los mismos que callan como putas ante los 8 aviones llenos de deportados. Al final de cuentas, el único argumento veraz de los críticos de Petrocaribe es el último. Los lacayos de los gringos tienen miedo de que Hugo Chávez pueda llegar a tener influencia en Guatemala y que esta deje de ser el feudo que les permite ser los parásitos sociales que son.