domingo, 1 de junio de 2008

Tú eres la ciudad*

Bajo tu alma fría.

Y tu corazón es un enorme basurero flatulento que expide gases grises hacia el cielo. Por tus venas de concreto y neón corren máquinas de la muerte todo el tiempo, algunas veces con taquicardia otras con hipotensión. Glóbulos rojos, blancos y de colores que chocan embriagados entre sí.

Tu pecho de mujer siliconeada está apretado por un corsé de pobreza y abandono que no te deja respirar, ni aunque te guarden la espalda y tu seguridad privada te dé respiración de boca a boca. Mira ese alambre espigado que corona tu cabeza, rey de las judías. Ponle un poco de electricidad para que ladrones y pájaros mueran electrocutados sobre tus sueños.

Tu esqueleto de 228 kilómetros cuadrados de cemento y hierro no alcanza para albergar los cuatro millones de latidos que aún creen que pueden obtener de ti, un poco de prosperidad, sin saber que tus huesos están condenados por una osteoporosis crónica.

Tus manos blancas y finas de manicure francés contrastan con tus pies morenos y agrietados de tanto buscar trabajo. Tus ojos tristes sólo reflejan las vitrinas de un alma eternamente en SALE. Tu boca no canta como los pájaros, si no que grita, hace bulla, duele, apesta a mierda. Eructas pollo cuando comes frijoles. Tus brazos y tus piernas son barrancos llenos de pobreza y abandono, que no abrazan, ni mucho menos empiernan a nadie.

Bajo tu cabellera rubia, sobresalen las raíces negras de un cabello lleno de liendres, genocidios, masacres y terribles injusticias. Descansan, bajo tu alma fría, los espíritus de la antigua Kaminal Juyú, que a veces se levantan en las noches para bailar en alguna discoteca aquella canción de Rubén Blades, que hoy me acerca a ti y a tu plástico.

*Por Lucía Escobar - Guatemala, 1 de junio de 2008,
fuente: www.elperiodico.com.gt
Fotografía: Jerry Brown