
Dado el historial de intervenciones continuadas, abiertas y solapadas de los EEUU en Guatemala, es necesario preguntarse a viva voz: ¿Qué hacían propietarios, presidentes y directores de los periódicos de mayor circulación en el país en un agasajo íntimo para el embajador de los EEUU?
Nos cuenta la sección de sociales de Prensa Libre que el sábado 17 del corriente, un selecto grupo de guatemaltecos se reunieron en la casa de uno de los dueños de ese mismo medio en La Antigua para despedir del país al embajador de los EEUU. De acuerdo a fuentes que asistieron al evento, el número reducido de invitados incluyó a los dueños, presidentes y directores de Prensa Libre, El Periódico y Siglo XXI.
En el mundo diplomático atender una función para homenajear a funcionarios de un gobierno extranjero es algo que se maneja con mucho cuidado. Esto es particularmente cierto para gente que ostenta puestos públicos, incluyendo los funcionarios de medios de comunicación, que como rectores del cuarto poder son personajes públicos, en la práctica en nada diferentes a los diputados, ministros y jueces. El simple hecho de ser invitado es un mensaje en sí mismo. Lo mismo ocurre con aceptar o no aceptar la invitaciones. Hasta las excusas para no asistir envían un mensaje. Si consideramos que en el lenguaje diplomático el más mínimo gesto tiene una explicación más allá de sí mismo, cuando Mario Antonio Sandoval organiza un agasajo de despedida para el embajador de los EEUU e incluye entre los invitados a propietarios, presidentes y directores de Prensa Libre, El Periódico y Siglo XXI, la mente suspicaz no puede evitar el cuestionar la imparcialidad editorial de los medios que esta gente representa para con cualquier noticia relacionada directa o indirectamente a los EEUU.
Dado el historial de intervenciones continuadas, abiertas y solapadas de los EEUU en con Guatemala, es necesario preguntarse a viva voz: ¿Qué hacían propietarios, presidentes y directores de los periódicos de mayor circulación en el país en un agasajo íntimo para el embajador de los EEUU?¿Será posible que no entiendan que al atender este tipo de eventos comprometen su independencia editorial? ¿Tan faltos de tacto serán, o podrá más la necesidad de congraciarse con el imperio?¿Porqué no invitó la embajada o su testaferro Sandoval a personal de La Hora?¿Será que le habrían organizado de igual manera un agasajo al embajador venezolano o cubano?¿Será que eso explica el porqué de la posición abiertamente pro EEUU, pro Colombia, anti Chávez y anti Morales de los medios en cuestión? ¿Será que eso explica la incansable reproducción, repetición y magnificación de los mensajes de perros de presa del imperio como Andrés Oppenheimer y Carlos Alberto Montaner?
Para los que no están familiarizados con el lenguaje diplomático, el evento del sábado podría traducirse de la siguiente manera:
Anfitrión: Señor embajador, siempre a sus órdenes. Es importante que Ud. sepa que siempre hemos estado y siempre vamos a estar de su lado. Sepa Ud. que su gobierno puede contar con nosotros en todo momento. Para continuar con esta larga relación de amistad, y como muestra del agradecimiento eterno que le habremos de tener por el apoyo que su embajada nos has brindado desde nuestro orígen, permítame organizarle una fiesta en mi casa de La Antigua. Mándeme la lista de gente cuya lealtad quiere Ud. poner a prueba, yo le mando unos cuantos nombres para su gentil consideración, por supuesto que se trata de gente que ha demostrado su lealtad incondicional
Invitado 1: ¡Magnífico! Siempre es bueno saber quien es quien en Guatemala, además, es bueno para el negocio. Hay que hacer puntos con el jefe y con el nuevo embajador antes que venga.
Invitado 2: ¡Ala pero qué honor! ¡Por supuesto que iré! No podemos perder la oportunidad de demostrarle a los EEUU que no tienen un aliado más leal que nosotros, ni siquiera los de PL.
Invitado 3: ¿Y ahora que hago? No me atrae mucho la idea porque más de alguien podría pensar mal... pero la realidad es la realidad, además la gente es tan pendeja en Guatemala que nunca pasa nada...
En cualquier país normal la sumisión vergonzosa de los medios de comunicación a la embajada de los EEUU sería un escándalo. Pero en una república bananera ese tipo de situación es perfectamente normal. Tan normal que ¡hasta sale en la sección de sociales!
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