jueves, 20 de diciembre de 2007

Esa Aberración Llamada CC (ó 98%)

Como no hay mal que por bien no venga, los adefesios legales de la CC ilustran la ingente necesidad del borrón y cuenta nueva. El sistema putrefacto donde la CC, inteligencia militar, gobiernos de empresarios y columnas en Prensa Libre trabajan en perversa coreografía por el mismo objetivo está ya agotado.

Cuando los empresarios se iban a quejar con Germán Chupina de sus “problemas laborales” éste los interrumpía abruptamente con un “no me cuente historias, déme nombres…”. A los pocos días aparecían los cadáveres de los sindicalistas en los barrancos o a la orilla de la carretera.

Las víctimas de Chupina nunca tuvieron el beneficio de los amparos. Ni el de los ocursos. Mucho menos una corte constitucional que sesionara de emergencia y que resolviera en tiempo record exclusivamente para sacarlos de las mazmorras policíacas. Nunca tuvieron gente que se vistiera de luto los viernes e hiciera plantones pidiendo por su vida. Ni tuvieron tampoco a columnistas de Prensa Libre denunciando a los perpetradores. Desconocidos. Hombres armados. Paradero desconocido. Las víctimas de Chupina no valían nada. En esta Guatemala si algún día se sabe de su existencia, pasarán a la historia nada más como pedazos de mierda sobre los que alguien tuvo la mala suerte de haberse parado. Porque a eso es lo más que puede aspirar la vida de la gente pobre en Guatemala.

Para terminar de insultar la memoria de las víctimas del genocidio, y a escasas semanas de que Carlos Castresana denunciara que el porcentaje de impunidad en nuestro estado fallido es del 98%, la Corte de Constitucionalidad tiene el descaro de eliminar de un plumazo la posibilidad de que chacales como Chupina, Ríos Montt, Mejía Víctores, Benedicto Lucas y Anibal Guevara enfrenten por fín la justicia. La justicia cuya evasión continuada es y siempre será la vergüenza nacional más grande de la historia. ¿Será que nunca sacaron un 98 en un examen los Sres. Magistrados de la CC cuando estuvieron en la USAC?

Y no es mucho lo que se pide. Se pide nada más que los ciudadanos en cuestión respondan por los seres humanos que murieron cuando era responsabilidad de ellos proteger sus vidas. No por pedazos de mierda. Seres humanos. Como Ud. Y como yo Sr. Lector. Como sus hijos, como sus vecinos, como sus amigos, como sus hermanos. Seres humanos. ¿Cómo se sentiría si alguien le dijera que a su hijo se lo llevaron “hombres armados con paradero desconocido”? ¿Y después irlo a reconocer a un barranco? ¿Será tan difícil imaginarse eso?

Y se pide que respondan por esas vidas en España porque Guatemala es un estado fallido al 98%.¿Alguien lo duda? Se pide que respondan por esas vidas de seres humanos en España porque allá no van a poder amenazar a los jueces ni a los fiscales ni a los testigos. ¿Qué acaso nadie entiende que de eso se trata? Tampoco van a tener un ejército de sicarios que ejecute las amenazas. Ni a un aparato de inteligencia que intervenga los teléfonos o que avise de las órdenes de captura. Ni médicos que encamen por pisto. Y si de verdad son inocentes, no tendrían absolutamente nada que temer.

Para ser justos, la impunidad de Chupina no es solamente la impunidad de Chupina. Es la impunidad del ejército como institución. Es la impunidad de Prensa Libre. Es la impunidad de la embajada gringa. Es la impunidad de la oligarquía que se benefició de los “servicios” del estado en esos días. De ahí que las acciones de la CC no sean nada más el producto de la intimidación militar, sino el resultado del movimiento de fuerzas mucho más poderosas. No podemos ignorar que a pesar de que los militares (los autores materiales) continúan impunes penalmente, éstos no han podido librarse de las condenas morales. Ante esta injusticia -¡oh ironía!-, es necesario gritar que los autores intelectuales –la oligarquía y la embajada gringa- han permanecido en la más olímpica de las impunidades.

Al resolver un viernes entrada la tarde, cerca de la navidad, dando nada más 24 horas para aclaraciones, con el silencio cómplice de los medios (excepto La Hora), y fallando por encargo contra derecho queda claro que la CC no es sino una aberración diseñada exclusivamente para emascular al poder judicial, el que siendo un poder de estado está en realidad supeditado a una corte eminentemente política, compuesta por gente nombrada por los políticos de turno. Pensándolo bien, ¡la Corte de Constitucionalidad en sí misma es contraria al espíritu de la constitución!, y a juzgar por el record, el vehículo idóneo para la legalización de la impunidad.

Como no hay mal que por bien no venga, los adefesios legales de la CC ilustran nada más la ingente necesidad del borrón y cuenta nueva. El sistema putrefacto donde la CC, inteligencia militar, gobiernos de empresarios y columnas en Prensa Libre trabajan en perversa coreografía por el mismo objetivo está ya agotado. Urge la Tercera República.