viernes, 31 de agosto de 2007

De Campañas Negras, Lógica y Alzheimer Colectivo


Cuando se cuestiona el pasado de Otto Pérez Molina, sus defensores inmediatamente evaden los señalamientos aduciendo “campaña negra”. Cuando la pregunta viene de extranjeros que no tomarían en serio lo de campaña negra, Pérez Molina se lava las manos diciendo que las actividades del ejército en esos días era cosa institucional y que él solamente hacía su “trabajo”.
Los entes pensantes no podemos aceptar que todo se explique con la misma excusa. No tanto porque es un insulto a la inteligencia, sino porque las consecuencias serían catastróficas: la llegada de Pérez Molina al poder tendría muchas probabilidades de consolidar la impunidad histórica. La batalla no es por la presidencia, es por el derecho de las generaciones que están por venir de conocer la historia.
Los señalamientos contra Pérez Molina son graves. Lo suficientemente graves como para que los miembros y ex miembros del mismo ejército pongan las barbas en remojo. La organización Derechos (Human Rights), por ejemplo, acusa abiertamente a Pérez Molina de asesinato y de haber trabajado para la CIA. De acuerdo a la Ley Constitutiva del Ejército, trabajar para un gobierno extranjero es considerado traición. Los documentos desclasificados de la CIA no dejan lugar a dudas de que ésta contaba (y seguramente aún cuenta) con espías dentro del ejército. Irónicamente, es por estos operativos (traidores del ejército) que se ha sabido de muchas de las actividades que la institución armada se niega a reconocer. Los militares y ex militares que apoyan a Pérez Molina deben preguntarse si de verdad quieren que alguien con acusaciones de traición (uno de los peores crímenes que un militar puede cometer) llegue a la comandancia general del ejército.
Pero el más grave de los señalamientos contra Pérez Molina es el de genocidio. No es fácil ignorar el hecho que Pérez Molina estaba “haciendo su trabajo” en la Región Ixil precisamente durante los peores años del holocausto chapín. Y si lo que el ejército hizo en Quiché tarde o temprano se dilucida en las cortes, ¿De verdad queremos los guatemaltecos presenciar la vergonzosa persecución penal de otro gobernante si en mala hora Pérez Molina resultara electo?
A muchos de los que niegan el holocausto guatemalteco les gusta engañarse a sí mismos respondiendo a cuestiones ilógicas con explicaciones igualmente ilógicas. Dicen, por ejemplo, que el que Ríos Montt haya ganado elecciones en Quiché es muestra de la “aceptación” que tiene el ejército en las regiones más afectadas por la guerra. Ciertamente, a primera vista los triunfos electorales de Ríos Montt desafían la lógica. ¿Pero fueron de verdad las acciones del pueblo quichelense ilógicas? Si se acepta que la conducta de los quichelenses fue irracional, dicho comportamiento tendría por fuerza que tener una explicación lógica, algo que a los medios no les interesa investigar simplemente porque a su audiencia (la gente de la capital) le importa un comino. ¿Para qué buscar verdades más complicadas cuando cae de su peso que los quichelenses votaron por Rios Montt por brutos e ignorantes?
Pero aunque les pese a muchos capitalinos, la conducta irracional de los seres humanos – incluidos los quichelenses- siempre tiene una explicación lógica. Basta preguntarse nada más bajo qué condiciones los seres humanos dejan de utilizar el raciocinio. De ahí que no hace falta tener un doctorado en psicología para saber que el miedo, la ignorancia y el instinto de supervivencia hacen que la gente actúe de manera irracional. Conviene preguntarse entonces, ¿Existe acaso miedo e ignorancia en Quiché y en el resto de Guatemala?
La mejor prueba de la persistencia del miedo es que a 20 años de las atrocidades el silencio sigue siendo la norma. Pero el que la gente siga en silencio no quiere decir que el pueblo que vivió esos días tenga una especie de Alzheimer colectivo. Los que no olvidan en silencio saben que sus temores se justifican plenamente con el simple hecho de que el genocida Ríos Montt aún camina libre por las calles. Ni brutos ni ignorates, simplemente quieren vivir.
De la ignorancia no debería haber ni necesidad de hablar. En Guatemala el analfabetismo donde no es real es funcional, y peor aún, moral. Particularmente problemática es la ignorancia indolente que predomina en la capital, donde a diferencia de Quiché, la gente no sabe o no quiere saber que pasó. Tristemente, como bien señaló alguien por ahí, la mayoría de las pocas personas que verdaderamente podrían promover cambios no hacen más que consumir ávidamente caramelos de cianuro intelectual para que repliquen cuales afónicas campanas, la defensa oficiosa de intereses ajenos como el discursete de la "democracia electoral" y toda la parafernalia que esto acarrea. De ahí que los patojos a quienes les ha sido negado el derecho de conocer la historia y hoy levantan la mano empuñada con entusiasmo, lo hacen con la complicidad criminal de aquellos que han ignorado felizmente su conciencia por más de 20 años, totalmente incapaces de decir ésta boca es mía.

martes, 28 de agosto de 2007

Manos Limpias: No al Voto por Otto


Para los historiadores es claro como el agua que una de las causas principales de que Guatemala esté al borde del abismo es el papel que el ejército ha jugado en nuestra historia. Tragedias como la venta de nuestra democracia a los gringos, la prostitución de nuestra soberanía, los crímenes de lesa humanidad y la institución de la impunidad como política de estado no hubieran sido posibles sin la participación activa de traidores que alguna vez lucieron barras y estrellas en los cuellos.

A pesar de la nefasta historia de nuestro “glorioso” ejército y los que la hicieron posible, las últimas encuestas señalan la posibilidad real de que Otto Pérez Molina gane las elecciones. Para el observador foráneo, esto únicamente podría explicarse en la profunda ignorancia de la historia, la impunidad de que aún goza el ejército y el tremendo síndrome de Estocolmo que aún sufre muy buena parte de la población.

No podemos decir sin tener ningún tipo de evidencia que Pérez Molina tenga un pasado criminal. Pero dada la impunidad en que han permanecido los crímenes del ejército donde él estuvo cuando él estuvo allí tampoco podemos concluír que no lo tenga. La premisa de que nadie es culpable hasta que no se pruebe lo contrario es aceptable en las cortes, pero no es suficiente para no escrutinar el pasado de alguien que pretende ser el compás moral de un pueblo.

El momento de hacer las preguntas difíciles es ahora. Eso porque a Pérez Molina las órdenes generales del Ejército lo ubican en localidades y empleos comprometedores. El general podrá cubrirse con el manto de impunidad que el status quo le ha brindado al ejército, pero el candidato presidencial tiene la obligación de explicar su grado de participación en eventos ocurridos en Quiché y otros lugares donde estuvo de alta durante el conflicto armado. El pueblo de Guatemala tiene el derecho a saber que el ciudadano Pérez Molina no participó en ninguna masacre ni ejecutó ningún plan de tierra arrasada.

También necesitamos conocer más detalles de las actividades de Pérez Molina como miembro de la G2. El pueblo de Guatemala tiene el derecho a tener la certeza que el aspirante presidencial jamás planificó secuestros y ejecuciones extrajudiciales.

Conviene enterarnos también si Pérez Molina en algún momento trabajó para las unidades de inteligencia de los EEUU. Nada sería más triste que tener otro presidente traidor al que los gringos le tengan la cola machucada.

Y también tiene el pueblo de Guatemala derecho a saber si un candidato presidencial tiene cuentas en Suiza u otro paraíso bancario. No quisieran los guatemaltecos terminar con otro Pinochet.

Es de aclarar que no se trata de negarle sus derechos constitucionales a los militares retirados. Se trata de exigir que la gente que aspira a la máxima magistratura del país tenga un historial de buena conducta (comprobable), tal y como se hace en cualquier país civilizado. De ahí que el pasado de Pérez Molina no debe someterse a escrutinio porque es ex militar. Debe someterse a escrutinio porque es un ex militar que quiere ser presidente.

Y a los que digan que se trata nada más de prejuicios contra los ex militares basta recordarles que ni el ejército como institución ni sus miembros en lo individual han hecho algo para merecerse el beneficio de la duda. Mientras el ejército sea incapaz de reconocer sus crímenes y errores históricos, y mientras no se diluciden los cargos de traición, genocidio y corrupción, los militares y ex militares no tendrán ni la credibilidad ni la solvencia moral para aspirar a cargos públicos. Y mientras el pasado de Pérez Molina siga siendo una incógnita, lo cívicamente responsable es decir no al voto por Otto. El pueblo de Guatemala no puede correr el riesgo de llevar a la presidencia a otra persona con sangre en las manos.

Fotografía: James Rodriguez / www.mimundo.org

domingo, 19 de agosto de 2007

Hacia Una Política Efectiva de Manejo de los Recursos Hídricos




Los problemas asociados con la inexistencia de una política efectiva de manejo de los recursos hídricos tienen una solución eminentemente técnica. Las crisis causadas por la carencia crónica de agua potable, la contaminación de ríos y lagos, inundaciones, deslaves, daños recurrentes a la infraestructura pública y propiedad privada, (y las numerosas pérdidas humanas en cada instancia) podrían ser solucionadas, o evitadas del todo con herramientas técnicas y políticas rutinariamente utilizadas en otras jurisdicciones. Desgraciadamente, cuando nuestra cultura de irrespeto a la vida se combina con niveles obscenos de ignorancia, líderes de todo tipo perpetúan ésta última cuando explican todo con un “no hay agua”, “no hay dinero”, “son desastres naturales” y hasta “es castigo de Dios”.

Pero el precio de la ignorancia nos ha salido demasiado caro: No somos ni siquiera capaces de entender que nuestros problemas tienen solución. De esta cuenta, el primer paso hacia una solución integral al problema del agua debe consistir en desvanecer los muchos mitos que sobre los recursos hídricos se han creado, y que han servido nada más para alimentar la atávica resignación chapina ante todo.

El segundo paso tiene que ser político. Venga esta del ejecutivo o del legislativo, la propuesta para una ley efectiva de aguas tiene que provenir de liderazgo político al más alto nivel, mismo que también debe comprometerse a encontrar una solución eminentemente técnica, subráyese, sin interferencias políticas de ningún tipo. Publicaciones recientes indican que los políticos empiezan a aceptar la necesidad de una política nacional de amplio espectro, sin embargo falta comprobar que lo que se propone en estos momentos no sean nada más vacías promesas de campaña, o peor aún, planes de clientelismo político a largo plazo.

El tercer paso es la elaboración de los documentos técnicos que habrían de constituir el marco legal de la ley. Lamentablemente, un proyecto de esta envergadura requeriría hordas de ingenieros, hidrogeólogos, ecólogos, biólogos y otros especialistas que simplemente no existen en Guatemala ni con la experiencia idónea ni en las cantidades necesarias. Conscientes de que preparar al elemento humano local tomaría muchos años, lo indicado sería aprovechar las décadas de experiencia de los países más exitosos en materia ambiental. La utilización de expertos internacionales no solamente nos ahorraría la necesidad de reinventar la rueda, sino nos permitiría adoptar prácticas ambientales de punta cuya efectividad ha sido plenamente comprobada.

En la práctica, la primera medida de la política nacional de manejo de recursos hídricos debería ser la división del territorio nacional en cuencas hidrográficas, y la constitución de sus respectivas autoridades. Las autoridades de cuenca deben concebirse autónomas, con objetivos y responsabilidades legales claramente definidos y protegidas de cualquier tipo de interferencia política a futuro. Para que las autoridades de cuenca puedan cumplir efectivamente con su misión, deberá ser responsabilidad exclusiva de éstas la revisión y aprobación de todos los estudios de impacto ambiental asociados con extracciones de agua, explotación de minerales, urbanizaciones, proyectos de infraestructura y cualquier otra actividad humana que tenga el potencial de afectar el medio ambiente. Idealmente, las autoridades de cuenca habrían de ser los entes ejecutores de toda legislación ambiental presente y futura.

Una vez establecidos los marcos técnico y legal de las autoridades de cuenca, cada jurisdicción procedería a elaborar documentos destinados a la protección de los recursos hídricos, energéticos, minerales y biodiversidad específicos a cada cuenca. Este es el tipo de trabajo que llevará décadas y para el que se requiere un número considerable de profesionales. Para que el elemento humano esté disponible cuando se necesite, será indispensable que las universidades y colegios profesionales participen plenamente en la elaboración del plan maestro.

En resúmen, la problemática asociada al mal manejo de los recursos hídricos tiene solución. Afortunadamente, el próximo gobierno no necesita tener todas las respuestas; simplemente necesita tener la suficiente voluntad política y un mínimo de competencia para saber donde empezar a buscar ayuda.

Fotografía propiedad de Enciclopedia Británica.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Loose Cannon Izquierdo-Derechista: Los Pensadores de Blog Contraatacan



Como bien es sabido, durante la época colonial los barcos a menudo llevaban cañones como armas de defensa. Los peligros en esos tiempos eran muchos, sin embargo un problema al que de verdad le temían los navegantes era que uno de estos cañones se soltara de sus ataduras y rodara de un lado para otro sobre la cubierta. Por su tamaño y peso, un cañón suelto podría no solamente poner en peligro la vida de los tripulantes sino la misma integridad de la nave.

En Inglaterra, el problema de los cañones sueltos dio lugar a la expresión loose cannon como analogía al peligro de individuos que por su conducta errática e impredecible constituyen una amenaza al grupo al que se dicen pertenecer. Un ejemplo perfecto de loose cannon es el del académico Mario Roberto Morales, quien a pesar de considerarse a si mismo izquierdista, sus acciones y actitudes son una amenaza más seria a las esperanzas de la izquierda de lo que podrían ser las acciones y actitudes del mismo Manuel Ayau.

Nadie discute los logros y méritos de Morales, ni su contribución al debate, particularmente sobre temas poco populares pero importantes. Sin embargo, sus ideas se ven constantemente opacadas por su obsesión con la primera persona, su banal afición a hacer alarde de los lugares donde ha estado y su pomposa tendencia al name dropping. Cuando el tremendo ego de Morales se suma al típico carácter destructivo de sus críticas (especialmente contra la izquierda), sus escritos se vuelven más desagradables que interesantes, dando la impresión que contienen “más bilis que ideas”, como dijo alguien por ahí.

El narcisismo y arrogancia de Morales se hicieron evidentes una vez más en una entrega reciente en la que cometió la imprudencia de arremeter contra los blogs de una manera más torpe que injustificada. No será necesario repetir o siquiera rebatir sus ataques hepáticos a los “pensadores de blog” (así en general). Basta decir que Morales obviamente no entiende la naturaleza inherentemente light de los blogs y que sus generalizaciones pueden ser fácilmente desarticuladas de la misma manera en que se pueden desarticular sus viscerales generalizaciones contra las ONG´s y personajes de izquierda que por cualquier razón no gozan de su simpatía, o que han cometido el “error” de machucarle los callos a su ego.

En ningún momento se le pediría a Morales que deje de criticar. Simplemente se le pediría que haga el esfuerzo de suprimir su ego y evite así la crítica destructiva, especialmente contra la izquierda (de la que él se considera miembro). Si recordamos que fue él precisamente el que acuñó el término “izquierdo- derechista” para referirse a aquellos izquierdistas que con sus acciones le hacían el trabajo a la derecha, no deja de ser irónico que el ego del tamaño de “cualquier catedral” de Morales lo haya convertido en un cañón suelto con tendencias izquierdo-derechistas.