sábado, 28 de julio de 2007

Raticidio

En su editorial del 26 de julio, Prensa Libre nos quiere hacer creer que es importante recordar la fecha del asesinato de Carlos Castillo Armas. Para ello pretenden utilizar la palabra “magnicidio”. Todo estaría bien si no fuera porque magnicidio literalmente quiere decir “el asesinato de un gran hombre”. Es obvio que a pesar de que la historia se ha esclarecido plenamente, Prensa Libre no sólamente continúa creyendo (como siempre lo hizo) sino pretende imponer la creencia completamente falsa de que Castillo Armas fué un “gran hombre”.

A más de alguien le parecerá que el asunto en cuestión es trivial. Sin embargo, semejante barbaridad histórica no puede ni debe permitirse, ya que el ilegítimo expresidente en cuestión es uno de los responsable directos de la destrucción de nuestra democracia en 1954, el largo período de tinieblas que le siguió y sus consecuencias (que aún no terminan).

La posición deshonesta de Prensa Libre debe combatirse implacablemente no solo por su versión de los hechos del 54 (misma que no puede ser idónea desde el mismo momento en que se prestaron al juego de los traidores), sino porque ilustra claramente la manera en que el status quo -que Prensa Libre representa- ha distorsionado de manera continuada la historia del país. Las versiones oficiales de la colonia, la independencia, la reforma liberal, la revolución del 44, la intervención gringa y el conflicto armado no son sino mitos que han sido plenamente desvirtuados con todo el rigor académico posible por historiadores de la talla de Severo Martínez Peláez, Stephen Kinzer, Stephen Schlesinger, Piero Gleijeses, Nick Cullather y muchos otros. La historia del conflicto armado también ha sido plenamente esclarecida por los documentos Memoria del Silencio y el Informe REHMI (tristemente, la mayoría de los que cínicamente se niegan a aceptar la validez de los documentos en cuestión nunca los han leído).

En el caso de la intervención gringa, Prensa Libre insiste en perpetuar las premisa fundamental sobre la que se justificó la intervención: La influencia que tuvo la ex URSS en Guatemala, y que el ultraje de que fué víctima el pueblo guatemalteco fué culpa de Arbenz y Cía. Por si la realidad de hoy en día no fuera suficiente, la evidencia documental y testimonios disponibles prueban hasta la saciedad que la premisa sobre la que se justificó la atrocidad del 54 fué criminalmente falsa. Habiéndose expuesto los pies de barro del ídolo, es el deber de toda persona responsable llamar a la intervención del 54 lo que verdaderamente fué: una canallada de los Estados Unidos motivada por intereses corporativos de una empresa gringa hechos posibles con la traición de Castillo Armas y el Ejército de Guatemala y la complicidad de las élites (que incluye a Prensa Libre). Es igualmente importante señalar que este hecho ha quedadado en la impunidad y que es en sí mismo el orígen de la cultura de impunidad que aún sufrimos.

Ha de ser difícil para Prensa Libre enfrentar su propio pasado, mismo que trata de encubrir con una posición de falsa neutralidad (que más suena a panegírico de Castillo Armas) y que únicamente la expone como cómplice. Con el conocimiento de la historia que los periodistas profesionales deberían tener, llamar “magnicidio” al asesinato de Castillo Armas (probablemente por sus propios amos) es imperdonable, como imperdonable sería llamar “magnicidio” al ajusticiamiento de Mussolini.

La evidencia histórica ha dejado muy claro que la intervención gringa del 54 nunca pudo, puede ni podrá jamás ser justificada, y que Castillo Armas no fué sino un vulgar traidor y asesino cuya muerte es importante nada más recordarla para tener presente que mal paga el diablo a quien le sirve. ¡Ah!, y también fué corrupto; eso el mural de Diego Rivera no lo olvidará nunca (y los gringos todavía tienen los cheques que lo prueban).

(Mural Gloriosa Victoria de Diego Rivera)

jueves, 19 de julio de 2007

Güizaches, Chapuceros y Rascuaches


Para todo aquel que tenga ojos para ver, el pueblo de Guatemala tiene la desgracia de tener unas de las élites más incompetentes del hemisferio occidental. Desde el proverbial poste a media calle a la muerte por exceso de anestesia, pasando por el abuso de la figura jurídica del amparo y el puente colapsado, los profesionales chapines sobresalen más por su negligencia e incompetencia que por las razones que deberían justificar su existencia.

El abrupto fin de la campaña de Harold Caballeros no es sino una muestra más de la inexcusable incompetencia con que se hace todo en Guatemala. El caso en cuestión resulta tan irónico como patético ya que el movimiento Vida con Valores no sólamente alegaba ser sinónimo de capacidad, sino pretendía cabalgar el caballo blanco de la superioridad moral.

Desgraciadamente, no existe una solución fácil al problema de la incompetencia generalizada. Especialmente cuando ésta se ha convertido en parte integral de la idiosincrasia chapina y cuando los llamados a actuar contra ella son precisamente los mismos que la practican.

La única esperanza que nos queda para salir del atolladero es que algún día se escuche el clamor que puede y debe hacer todo aquel que tenga voz. Sigamos gritando.

martes, 17 de julio de 2007

Primeras Planas Escandalosas...

...Que brillan por su ausencia.

El día de ayer el Periódico publicó una investigación que denuncia la manera cuestionable en la que el candidato presidencial Otto Pérez manejó 19 millones de quetzales cuando estuvo al frente del tristemente célebre Estado Mayor Presidencial.

En cualquier país normal, semejante noticia habría acaparado los titulares de todos los medios. Pero en nuestra sufrida patria, donde las cosas funcionan al revés, solamente La Hora se puso a la altura de la situación al dedicarle la primera plana y el editorial a la noticia. Curiosamente, las versiones de Internet de dos de los matutinos “más importantes” del país se abstuvieron de hablar del tema.

Desde un punto de vista periodístico es muy difícil explicar el silencio de Prensa Libre y Siglo XXI, ya que si semejante bomba no califica como titular, cuesta imaginarse que necesita una noticia para figurar en la primera plana. Ante esta incomprensible situación, lo único que cabe es preguntarle a los medios ¿Por qué?...

miércoles, 4 de julio de 2007

País de Leyes (Impunidad Legal)

Cuando en su visita a Guatemala alguien le preguntó a George W. Bush si consideraría detener la deportación de indocumentados guatemaltecos, el presidente gringo se lavó las manos con un lacónico “Los EEUU es un país de leyes”.


A nadie le cabe la menor duda que los EEUU es en efecto, un país de leyes. Pero la reciente conmutación de pena hacia el traidor Scooter Libby nos forza a preguntarnos ¿Es el estricto cumplimiento a la letra de la ley suficiente? ¿Qué le ha pasado a la nunca confirmada pero supuesta superioridad moral de los gringos en la que nuestras incompetentes élites siempre han creído?


Y debemos hacernos estas preguntas porque a pesar de que por décadas ha sido obvio que el emperador está desnudo, son demasiados los que en nuestro triste país aún creen en la superioridad moral del imperio. La vergonzosa conmutación de la pena de Libby es una aberración legal en nada diferente al perdón de Oliver North, la renuncia al derecho fundamental de habeas corpus (a la Abu Graib), la ley Helms-Burton y muchas otras joyas perfectamente legales que deberían estimularnos a buscar liderazgo moral por otros rumbos.