lunes, 28 de mayo de 2007

Sepulcros Blanqueados

Ante la caducación de la frecuencia principal de RCTV en Venezuela, las cajas de resonancia de las plutocracias latinoamericanas ponen el grito en el cielo, jurando y perjurando por la democracia y la libertad de expresión. Los que hoy se dicen ser demócratas y se razgan las vestiduras son exactamente los mismos que se regocijaron públicamente durante el efímero golpe de estado contra Chávez en el 2002. Democratoides de derecha.

Tan acostumbrados a su mediocridad tercermundista, los autodeclarados defensores de la democracia convenientemente omiten mencionar el papel que la “prensa independiente” jugó en el golpe mencionado. Y es que el golpe contra Chávez fué eminentemente mediático, patrocinado y ejecutado por la élite mediática venezolana . El acta de toma de posesión del usurpador Carmona fué escrita por nada más y nada menos que el director de un periódico de Caracas. Naturalmente, detalles como el anterior jamás se habrán de saber en los paisuchos bananeros donde los comerciantes de pollo y el cemento –como accionistas y principales anunciantes de los medios- deciden lo que se publica y lo que no. Qué irónico que la evidencia más grande de que los medios comerciales latinoamericanos han estado siempre en el lado equivocado de la historia sean sus propias hemerotecas.

También omiten mencionar los pseudoperiodistas que el cierre de RCTV es perfectamente legítimo, y que el gobierno venezolano actuó en apego estricto a la ley. Resulta paradójico que los mismos que creen cabalgar sobre un caballo blanco de superioridad moral utilizen lenguaje cada vez más violento (e.g. dictador) para referirse al legítimo líder de un pueblo hermano. Debe recordárseles a estos pseudodemócratas que el pueblo venezolano le ha dado un mandato muy claro a este gobierno para que los represente. Si los pseudoperiodistas son incapaces de comprender el concepto de democracia representativa es problema de ellos. Pero los que sabemos quienes son y a qué se dedican no podemos permitir el uso del lenguaje violento que únicamente tiene como objetivo menoscabar la democracia. Llamar “dictador” al líder democráticamente electo de cualquier país amigo no es sólamente una imperdonable falta de respeto al pueblo de dicha nación sino un ataque directo a la democracia. Es terrorismo mediático.

La magnitud del berrinche del club de dueños de medios (SIP) es nada más proporcional al pánico que les da el precedente. Ellos no lloran por la democracia -algo que la evidencia indica que no suelen practicar-. Lloran porque se les acaba el negocio. Y es que están muy conscientes que los pueblos del continente están muy atentos a lo que sucede en Venezuela. Porque cuando se den cuenta que el sol habrá de seguir saliendo después del cierre de RCTV, la tendencia natural de los pueblos será recuperar los espacios usurpados por los comerciantes en nombre (y detrimento) de la democracia.

Ya en esta bitácora se discutió con anterioridad que el verdadero fondo del problema es el conflicto entre la libertad de expresión y la libertad de empresa. Y es que la ganadora de este conflicto ha sido casi sin excepciones la libertad de empresa. El efecto obvio ha sido el menoscabo tanto de la libertad de expresión como de la democracia misma. De ahí que sean demasiados los pseudoperiodistas chapines de alquiler para quienes los principios de independencia de criterio y ética profesional son conceptos exóticos nada más. La complicidad criminal –y mediáticamente impune- de las incompetentes élites económicas en el colapso del estado es la mejor prueba que la libertad de expresión en Guatemala es tan limitada como supeditada a la libertad de empresa. De ahí que sea imperativo que cualquier proyecto de nación considere dentro de sus objetivos la preponderancia del derecho a la libertad de expresión sobre el privilegio de la libertad de empresa. Que el ejemplo de Venezuela nos sirva de inspiración.