martes, 27 de febrero de 2007

Putrefacción Moral (Castración Psicológica y sus Consecuencias Lógicas)

En un país normal, cuando un diputado – sea candidato a la presidencia o no- acusa al Ministro de Gobernación y al Jefe de la Policía de asesinato sus declaraciones se toman en serio. Para empezar, aparecerían en primera plana en todos los periódicos. Ante semejante revelación, el congreso se declararía en sesión permanente y empezaría a considerar la posibilidad de votos de falta de confianza. Los funcionarios en cuestión por su parte, desmentirían los cargos y presentarían demandas por difamación (observando también que en un país normal habrían tenido que renunciar cuando se supo que los policías eran los asesinos de los diputados salvadoreños). El Presidente de la República se apresuraría a ofrecer la renuncia de no aclararse la situación en un tiempo prudencial, mientras el Jefe del Ministerio Público habría llamado a conferencia de prensa para dar detalles de la investigación de oficio. El pueblo saldría a manifestar su repudio.

Pero Guatemala no es un país normal. Guatemala es un país castrado (valga la analogía machista).

La castración de nuestro país empezó con la intervención, continuó con las dictaduras y culminó con el genocidio de los 80´s. Se nos metió a patadas en lo más profundo del psiqui: la democracia no existe, el respeto a la ley es para los tontos y débiles, la vida no vale nada. Se nos forzó la mentira como verdad, se nos robó la dignidad y se institucionalizó la arbitrariedad. Cualquier intento por resistir se sofocó con más arbitrariedad y dosis constantes de violencia. Los mejores líderes fueron sistemáticamente eliminados hasta que nos quedamos si voz. Mudos y eunucos.

Hoy, los edecanes del estado fallido, los asesinos de la esperanza, los mismos que facilitaron y aún facilitan la intervención, los cómplices de las dictaduras y los voceros de la injusticia se razgan las vestiduras y se somatan el pecho.
Hoy se asustan con sus propios espantos.
Hoy se lamentan que no tenemos huevos pero se les olvida que ellos ayudaron en la operación.
Se quejan de que nos quedamos callados ante todo pero se les olvida cuando por complicidad criminal se quedaron callados ante el genocidio.
Se quejan de que no tenemos líderes pero se les olvida que por acción u omisión, ellos los condenaron a muerte desde sus tribunas.
Se quejan de la corrupción pero se les olvidan las fafas.
Se quejan de que no hay estado de derecho pero se les olvida que ellos ayudaron a establecer la ley de la selva.
Se quejan de las mafias pero se les olvida que trabajan para los grandes evasores.
Se quejan de los narcos pero no nos dicen quienes les lavan el dinero.
Se quejan de la impunidad de las maras pero se les olvida que aún no han reconocido ni el informe REHMI ni el reporte de la CEH. Después de todo, las maras y el narcotráfico tuvieron que aprender la cultura de la impunidad y la arbitrariedad de alguien.

La indolencia y la pusilanimidad son efectos de la putrefacción moral, no causas.

domingo, 18 de febrero de 2007

Barras y Estrellas

Militares guatemaltecos:
¿Se han visto las insignias en los cuellos últimamente?
Son barras y estrellas…
¿Sabían Uds. que las barras y las estrellas son símbolos de una bandera extranjera?
Lo lógico ahora sería preguntarse:
¿Porqué habrían Uds. de usar barras y estrellas como insignias?
¿Se han preguntado alguna vez –sinceramente- , qué intereses ha defendido históricamente el Ejército de Guatemala?
- Una pista... tiene algo que ver con las barras y las estrellas…

Ultimamente salió a luz el que mil marines de los EEUU habrían de aposentarse en territorio chapín para la infame Operación Jaguar, en flagrante violación al espíritu de la constitución. Ante esto cabe preguntarse: ¿También tienen horchata en las venas los oficiales guatemaltecos?
¿Como han permitido que los EEUU los utilize como sus monigotes a su sabor y antojo por décadas? ¿No les preocupa acaso el juicio de la historia, que está tan cercano como inminente?
Piensen que la historia no va a dejar lugar para ambigüedades:
El ejército de Guatemala ha sido una institución nociva para el país, y uno de los principales causantes –sino la causa número uno- de nuestro vergonzo atraso. Con las honrosas y dignas excepciones, el ejército guatemalteco ha estado lleno de traidores, corruptos, genocidas, asesinos, ladrones, narcotraficantes y ahora –tal parece-, cobardes incompetentes que se dejan sobar la cara por los gringos. Todo esto después que fueron los gringos los que los politizaron para convertirlos en energúmenos anticomunistas que no tuvieron empacho en masacrar a su propio pueblo para satisfacer la sed de sangre de los gringos. Los mismos gringos que después les dieron la espalda y fingieron no tener nada que ver con las masacres, a pesar de que un buen número de Uds. estaba (y aún está) en las planillas de la CIA.
Y piensen que si al pueblo de Guatemala no le quedaran remanentes del terror al que se acostumbró durante sus dictaduras, y si la información fluyera de la manera que debiera, se preguntaría abiertamente para que chingados queremos ejército.

Como cadetes alguna vez se consideraron los hijos del honor el deber y la gloria. ¿Qué tan lejos están ahora de los ideales en los que algún día creyeron firmemente? Si se supone que la imágen del ejército ha sido creada por una minoría de manzanas podridas, ¿Dónde están los otros?. Los buenos –si es que existen- tienen la oportunidad de reclamar el papel constitucional del ejército y ponerse a servicio de su pueblo. Todo lo que tienen que hacer es recordar la integridad que una vez aprendieron –y hasta vivieron- en la Escuela Politécnica. Para reconciliarse con su pueblo, será necesario que primero reconozcan las atrocidades y múltiples errores históricos del ejército. Después tendrán que expulsar a las manzanas podridas. Uds. son los únicos que pueden hacerlo. Y háganlo pronto si de verdad les interesa la supervivencia de éste ejército. Porque las voces que piden la abolición cada vez son más; y tarde o temprano va a llegar de comandante general alguien con la suficiente dignidad para negarse a comandar a una partida de criminales cobardes y corruptos.

viernes, 16 de febrero de 2007

Confesiones de un chapín atípico o destruyendo mitos

Por Milton Alfredo Torres Valenzuela*

He de confesar que soy un mal chapín. Primero porque no siento y nunca he sentido la necesidad de reivindicar ninguna identidad relacionada con ese concepto obtuso de guatemalidad. No me gusta el Pollo Campero ni me importa si abren sucursales en la Antártida o en la Luna; tampoco me gusta el fiambre (comida ambigua que no define ningún sabor); no me identifico con ningún equipo de esos que llaman Rojos o Cremas; la Selección Nacional de fútbol me importa un pito, ganen o pierdan, porque siempre he pensado que son malos deportistas, conformistas y presumidos que apantallan con victorias pírricas a los aficionados ingenuos que siempre están al tanto de sus mediocres hazañas, creo además que el fútbol es un deporte viciado y determinado por intereses mafiosos en todas partes del mundo, además me atraen más los deportes individuales que los colectivos; nunca he ido al estadio Mateo Flores; la marimba es un instrumento maravilloso pero no puedo escuchar más de tres o cuatro melodías porque luego me empieza a fastidiar su sonsonete siempre predecible y monótono. La música hecha para orquesta sinfónica, interpretada con nuestro instrumento nacional, es una abominación estética. Casi lo mismo puedo decir de la Semana Santa: sus marchas fúnebres son extremadamente lastimeras y trágicas, reinando además el mal gusto en las alegorías que acompañan a las imágenes y en muchos detalles del cortejo procesional, por ejemplo: cucuruchos fumando, estandartes con linternas de baterías colgando de la punta de los mismos como péndulos, otros cucuruchos cargando y hablando por teléfono celular, disfraces de romanos desproporcionados, con armas mal hechas y sin la marcialidad que los personajes exigen y, sobre todo, la luz artificial (a veces halógena) que confiere una sensación de circo o carnaval a las imágenes, a la vez del ruido de los motores que producen la energía eléctrica y que cierran estridentemente cada cortejo procesional. Lo cachureco se lo dejo al chapín típico.
La mayoría de nuestras canciones son cursis (como casi todas las canciones latinoamericanas) y, en su mayoría, no pasan de cantarle al paisaje, a las mujeres bonitas y a los hombres valientes. Arjona, aunque no toque esos temas, también es un compositor cursi, con letras que aspiran a ser poesía pero que no se levantan del suelo de lo trillado, es decir del lugar común, de la metáfora y lo absurdo fácil, elaborado a base de comparaciones ramplonas cuyo eje semántico se centra en la paradoja burda y simplona. Nada significa para mí, su más reciente premio.
No sé quién ni cuándo empezó a creerse que nuestra cerveza era muy buena. Como dijo un escritor salvadoreño refiriéndose a la propia, es más bien diarreica, como el aguardiente por el cual sienten nostalgia nuestros compatriotas que viven en Estados Unidos de América.
En todo caso, hay muchos mitos relacionados con el concepto de chapín susceptibles de profunda y honesta revisión por quienes como yo creemos que la guatemaltequidad es una construcción e imposición multiforme de una tradición que muchas veces se impone sobre la conciencia y actitud de quienes habitamos y somos ciudadanos de este país. Motivos para el nacionalismo hay muchos, aunque creo que en la medida en que podamos ubicarnos en una esfera universal y ser ciudadanos del mundo desde nuestra particularidad, en esa medida podríamos madurar sin caer ni pasar angustiosa o ridículamente por las actitudes infantiles que conlleva el nacionalismo extremo.

*originalmente publicado en La Hora el 13 de febrero del 2007

domingo, 11 de febrero de 2007

Comité de Recepción

Ahora que sabemos con certeza la llegada de aquel que les conté en marzo, démosle la bienvenida tal y como se lo merece. De paso, aprovechemos la oportunidad para recordarle a sus paisanos los muchos cabos sueltos que es necesario atar antes que nada…
Como el susodicho entiende nada más el inglés, enviémosle mensajes directos, de esos que les gustan a los camarógrafos. Las siguientes son algunas sugerencias de pancartas para el comité de recepción:

YOU ARE NOT WELCOME! (¡No es Bienvenido!)

WATCH OUT, RIGOBERTA IS NEXT! (¡Ojo, Rigoberta es la próxima!)

RIOS MONT IS YOUR SON OF A BITCH, WE WANT HIM IN JAIL! (Ríos Montt es su Hijo de Perra, ¡lo queremos en la cárcel!)

HE (foto de Rios Montt) DID IT FOR YOU! (¡El lo hizo por Uds.!) DELIVER RIOS MONTT TO JUSTICE! (¡Entreguen Ríos Montt a la justicia!)

REMEMBER 1954! (¡Recordemos 1954!)

ARBENZ LIVES! (¡Arbenz vive!)

WE REMEMBER! (¡Nos recordamos!)

STOP THE DEPORTATIONS! YOU OWE US BIG! (¡Paren las deportaciones, nos deben mucho!)

¿Otras sugerencias?

lunes, 5 de febrero de 2007

Arreando Gatos

Para el observador foráneo, la candidatura de Rigoberta Menchú a la presidencia de la República era simplemente una cuestión de tiempo, la consecuencia final de un proceso lógico. Después de todo, ella es nuestro Evo Morales, nuestro Nelson Mandela. ¿Porqué entonces no habría la izquierda de cerrar filas alrededor de lo que es a todas luces una candidatura ideal?

Desde sus inicios, esta bitácora ha advocado la necesidad de un gobierno de izquierda en Guatemala, si no por la urgencia de un gobierno más humanista y solidario, por la necesidad de sacudir las estructuras de poder que se han derechizado al punto que hacen de Guatemala una de las sociedades más retrógradas del mundo.

No es un secreto que los intelectos más brillantes, los corazones más solidarios y los espíritus más nobles se ubican a la izquierda del espectro político. Pero así como la izquierda atrae a la crema y nata del humanismo, también tiene su número de ideólogos recalcitrantes, líderes autoritarios e intelectuales con egos insufribles. Cuando esta amalgama de caracteres se combina con la incapacidad atávica chapina para lograr concensos, el resultado se traduce simplemente en elecciones perdidas.

Tradicionalmente, el colectivismo ha sido una parte esencial de toda corriente de izquierda, sin embargo, cuando se trata de elegir dirigentes para un movimiento mayor, el típico líder izquierdista chapín se comporta como el más individualista de los neoliberales. Convencidos de su “indiscutible” calidad de líderes, muy pocos están dispuestos a “seguir” a otros, aún cuando no hacerlo signifique sacrificar los intereses del colectivo. De ahí que consolidar los intereses de la izquierda en un solo movimiento ha sido más difícil que arrear una manada de gatos.

Una explicación lógica al divisionismo en la izquierda podría ser la incapacidad de distinguir el papel que deben jugar los políticos ideólogos y y los políticos políticos. Ambos son necesarios en cualquier movimiento, sin embargo, cuando se tiene ideólogos haciendo política y políticos definiendo ideología, el resultado inevitablemente llevará a unos a acusar a los otros de no tener convicciones y estos a su vez a aquellos de intransigentes. Ante esto el único ganador es el status quo.

Un muy buen ejemplo del canibalismo de izquierda es la tirrria que algunos sectores ortodoxos le tienen a Rigoberta Menchú. Las críticas -casi siempre destructivas- provienen de ideólogos que consideran a Rigoberta una traidora por sentarse a dialogar con el enemigo. No entienden los teóricos en cuestión que el comportamiento de Rigoberta se debe a su naturaleza netamente política. A diferencia de sus críticos, Rigoberta entiende que un verdadero político necesita utilizar las herramientas del diálogo -que también implica concesiones- para avanzar su agenda. También entiende que en política, lo único que verdaderamente cuenta son los resultados.

Ahora que Rigoberta hizo público su interés para aspirar a la presidencia, sus críticos de izquierda deberían de poner a un lado sus intereses personales y aceptar un liderazgo infinitamente superior.