lunes, 24 de abril de 2006

Los Perros de Presa

El perro es un animal servil, por eso lo queremos. El quid pro quo de nuestra relación con él es bastante simple: Comida por lealtad. Y funciona porque sabemos muy bien que por muy poco a cambio, el animalito nos servirá por muchos años como compañía, guardián y hasta terapia contra el estrés.

Lamentablemente, el servilismo canino no es exclusividad del perro. Y es que - a diferencia de nuestro irracional amigo- en nuestra parte del mundo muchos humanos no piensan dos veces el ponerse al servicio de un amo por una cuantas migajas. Particularmente triste es el caso de los pseudo periodistas que trabajan para amos que tienden a ser cualquier cosa menos la libertad de expresión. Aún cuando no es algo que todos puedan hacer, el papel favorito de los canes en cuestión es el de perro de presa del imperio. Los ejemplos más famosos son los de Carlos Alberto Montaner, Andrés Oppenheimer y Juan Forero, tristes figuras de la extrema derecha que bajo el velo del periodismo promueven abiertamente los intereses de los EEUU en Latinoamérica. Su función principal, es ser los perros alfa, los generadores de opinión cuyos ladridos son repetidos religiosamente por los miembros menores de la jauría en nuestros países.

Sea este un chucho chamarra, pastor alemán o poodle faldero, el comentarista de la prensa escrita, radio o televisión latinoamericana no perderá una sola oportunidad para congraciarse con la embajada al tratar de demonizar de mil maneras a los líderes izquierdistas como Lula Da Silva, Hugo Chávez, Evo Morales y ahora Ollanta Humala. No tienen ni siquiera que molestarse con ser objetivos, el repetir los ladridos de los canes mayores les presta la supuesta credibilidad que son incapaces de crear por su cuenta. Afortunadamente, el mucho ladrar y no morder ha hecho que las advertencias apocalípticas y escenarios de horror que nos pintan nuestros cánidos periodistas caigan en oídos sordos. Prueba de ello es que el movimiento de Latinoamérica hacia la izquierda continúa consolidándose con la elección de Ollanta Humala o Alan García en el Perú.

En el caso de Guatemala, nuestros chuchos no faltan. Afortunadamente, cada vez es menos la gente que cree en ellos.

martes, 4 de abril de 2006

Hierve La Sangre

Siglo XXI publicó el día de hoy la escandalosa noticia de que la exploradora Montana recibe cualquier cantidad de exoneraciones fiscales a las que no tiene derecho. Peor aún, los detalles de las excenciones se han mantenido deliberadamente escondidos de la opinión pública. Lo anterior se hace público a los pocos días de que alguien denunciara que muchos de los ejecutivos chapines que trabajan para las mineras y petroleras (e.g. el mismo Milton Saravia) han sido altos funcionarios del ministerio de energía y minas, ministerio del ambiente y de la misma CONAMA.
Urge que el estado demuestre que existe y que es capáz de hacer que se cumpla la ley . Además de corregir urgentemente la injusticia de Montana, será necesario que la sociedad guatemalteca exija se responda a las siguientes preguntas:

- ¿Quiénes propusieron, redactaron y aprobaron las leyes actuales de minería?
- ¿Para quién trabajan éstos indivíduos hoy en día?
- ¿Desde cuando trabaja gente como Milton Saravia para las mineras o petroleras?
- ¿Trabajaron acaso éstas gentes para las mineras/petroleras cuando aún eran empleados estatales?
- ¿Son acaso los que propusieron y/o escribieron las leyes los mismos indivíduos que hoy son ejecutivos de las compañías en cuestión?
- ¿Han utilizado estas personas sus contactos dentro de los ministerios que dejaron?
- ¿Han sido investigados por enriquecimiento ilícito?
- ¿Quienes fueron los propulsores de las leyes casuísticas y/o resoluciones ministeriales que exoneraron a Montana de impuestos?
- ¿Han sido investigados por enriquecimiento ilícito?

Guatemala está al borde de un estallido social . Por eso no nos podemos dar el lujo de permitir que el escándalo de Montana quede sin castigo. No hacerlo terminaría de completar los requisitos de un estado fallido, delegitimizaría al estado y justificaría cualquier acción de las masas, incluso una insurrección armada.