martes, 7 de febrero de 2006

¡Atrás Está Vacío!

Como bien puede dar fé todo aquel que alguna vez se subió a una camioneta, los choferes y ayudantes de Guatemala sufren a menudo de agudos problemas de percepción.
-¡Hágase para atrás señora, atrás está vacío!...
Ante semejante afirmación, el pasajero curioso no podrá evitar el voltearse, -o ver hacia un lado- para cerciorarse de que -efectivamente-, “atrás está vacío”. Pero no, las personas no solo de “atrás” sino las de adelante, ya están codo con codo, nalga con nalga y muchos incluso, en pleno ejercicio de la famosa técnica yoga de sentarse en el aire.
- ¡Atrás está vacío! grita de nuevo el ayudante al empujar al último a bordo. Las personas con reflejos normales vuelve a voltearse. A estas alturas, la apretazón del pasillo empieza a desafiar las leyes de la física y los pobres (y decentes) atorados en él, sufren con la posibilidad de una erección espontánea.
- ¡Atrás están regalando venados! le dice el chofer al bolito de la última parada mientras el ayudante cobra el pasaje caminando sobre las barras de los respaldos. El bolito, -cuya percepción no parece afectada por el alcohol- responde con un soberano -¡tu madre! que hace soltar una carcajada a los apretujados pasajeros. El viaje continúa hasta su destino con más y más pasajeros empujados hacia el místico barril sin fondo de atrás.

Estaríamos de acuerdo entonces que los pilotos y sus ayudantes tienen serios problemas de percepción. ¿Pero será cierto? ¿Será que no se trata nada más de una crónica actitud de optimismo de los choferes que ven espacio donde no lo hay? ¿O Será posible que sea nada más una descarada demostración de cinismo? ¿No será que ellos saben mejor que nadie que el bus no solo ya está lleno, sino que fué originalmente diseñado para sentar a dos niños por asiento?

Al igual que los choferes de camioneta, algunos autonombrados pilotos sectoriales nos quieren hacer creer que el autobús llamado Guatemala está vacío atrás, y que es cuestión nada más de que compartamos su optimismo para que la realidad cambie. Los cantos de sirena habrán embaucado a muchos ingenuos, pero a más de algún pesimista le habrán dado ganas de hacer las del bolito...