viernes, 24 de noviembre de 2006

El Imperio de la Impunidad (Impunity Rules*)


El Horrendo Precio de la Incapacidad de Reformarse

La morgue en la capital de Guatemala es un lugar ocupado. Doce o más cadáveres diarios. La lista de muertes violentas se registra en las montañas de cartapacios llenos de autopsias que decoran las paredes. El olor a formol se extiende hasta el hospital y cementerio vecinos.

Guatemala ha tenido por mucho tiempo una de las tasas más altas de asesinatos en el mundo. Un golpe de estado organizado por los EEUU que depuso al gobierno democráticamente electo en 1954 habría de dar orígen a una guerra de más de tres décadas entre el ejército y guerrillas izquierdistas que no terminó sino hasta 1996. La guerra cobró más o menos 200,000 vidas, la mayoría de ellas indígenas mayas asesinados por el ejército. Como el legado de la guerra incluía armas y muchos ex combatientes desempleados, la violencia continuó. Con la llegada de las maras, una red internacional de pandillas, la situación se complicó más aún.

Recientemente, las cosas han tomado un giro desalentador con la cantidad creciente de mujeres que son asesinadas rutinariamente. De acuerdo a la policía, 624 mujeres fueron asesinadas el año pasado, muchás más que las 213 del año 2000; las cifras de este año apuntan a ser más elevadas aún. Aún cuando los asesinatos de mujeres representan nada más un 10% del total de homicidios, los asesinatos en cuestión se han caracterizado por el abuso sexual de las víctimas antes de morir. De acuerdo a Sobrevivientes, una organización de derechos femeninos, únicamente cinco de los 1897 asesinatos cometidos entre el 2001 y el 2005 han sido esclarecidos en las cortes.

Pero la violencia contra las mujeres es nada más uno de los muchas caras del irrespeto a la ley e impunidad. Había esperanza que las cosas podrían cambiar cuando Oscar Berger, un demócrata conservador, fué electo presidente en el 2003. Su coalición incluye a Rigoberta Menchú, una líder indígena; y a respetables independientes como Eduardo Stein, el vicepresidente, y Gert Rosenthal, el canciller.

El Sr. Berger, un rico industrial, ha sido incapaz de persuadir a las reaccionarias oligarquías guatematecas para que apoyen las reformas necesarias. Todo debería empezar con impuestos: el estado sobrevive con ingresos de menos del 10% del PIB. Esto explica el que la policía, los fiscales y las cortes se encuentren permanentemente sin recursos y con sobrecarga de trabajo. La policía comprende nada más 20,000 oficiales para un país de 13 millones; de aquellos, nada más 3,000 se encuentran de servicio en cualquier momento dado. En contraste, firmas de policía privadas no reguladas emplean más o menos a 100,000 personas. El Salvador, con la mitad de la población de Guatemala, tiene el doble de fiscales.

El Sr. Berger ha mandado al ejército a patrullar las calles juntamente con la policía. Dada la historia represiva del ejército, y que éste nunca ha respondido por sus acciones, los grupos de derechos humanos se sienten preocupados. Amnistía Internacional reporta que los asesinatos cometidos por las fuerzas de seguridad se han incrementado y denuncia la existencia de una “ola de ataques” contra los defensores de los derechos humanos.

Frank La Rue, quien encabeza la comisión presidencial de derechos humanos, reconoce la gravedad de la situación. Dice que el gobierno presentará ante el congreso un proyecto de ley destinado a crear una fuerza de tarea que se encargue del crimen organizado. Las Naciones Unidas habrían de colaborar con la implementación de esta fuerza de tarea.

Los críticos del gobierno también señalan la falta de voluntad para solucionar el problema de la tenencia de la tierra en un país donde un 1.5% de personas es dueño del 62.5% de las tierras cultivables. Acusan a la policía de usar violencia innecesariamente en el desalojo de invasores de fincas. Se reporta la quema de casas y cosechas, campesinos vapuleados y la ausencia de un plan alternativo para proveer a ésta gente de viviendas.

Diez años después de la firma de la paz, muchos dicen que el país no se siente mucho más seguro. En un año, Guatemala habrá de tener elecciones de nuevo. El país necesita urgentemente un nuevo liderazgo político y un cambio de dirección.

* Publicado originalmente en inglés por The Economist el 16 de noviembre del 2006, traducción libre.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Claro y conciso. Magnífico el texto que pone en palabras lo que siempre he pensado desde que me interesé por la historia de Guatemala.

Lo imprimo y lo guardo.

Abrazos y gracias.

Roberto Lone dijo...

Voy a dar mi opinión por partes Quintus.
Antes que nada buen comienzo de semana para vos y para todos en tu blog.
Punto #1:
El cierre de la historia más triste de Guatemala se logra con la firma de la paz, la cuál, no dejó felices a los guatemaltecos, pero, era necesaria a pesar que después tuvo sus enemigos, dentro de ellos el mismísimo Ilomm Gaspar, uno de los que utilizaron la palabra neo-liberal para encasillar a Alvaro Arzú.
Punto #2: El asesinato de mujeres es algo que muy pocos saben de donde viene, y hay una mano oculta que está metido en todo eso que poco a poco se irá sabiendo, porque las cosas caen por su propio peso.
Punto #3: Las muertes y la morgue son una muestra de la violencia que en parte viene por las secuelas de la guerra, pero, también son los narcos y el crimen organizado una gran fuente de la inestabilidad y el grupo dentro del ejército y gobierno (que no es todo el ejército),pero, también una gran parte de la población que no tiene alma, corazón ni sensibilidad humana.
Punto #4: Guatemala necesita un nuevo liderazgo, un cambio que agrupe todas las corrientes y se visualize la equidad y justicia. El respeto a la libre empresa y la necesidad de regenerar a empresarios e instituciones gubernamentales y públicas. El pueblo trabajador merece una oportunidad de dignificarse dentro de la sociedad y cada uno de nosotros debemos ser parte íntegra dentro de el crecimiento socio-político y económica de nuestro pais.
Punto #5: Nadie, casi nadie se siente con valor para escribir esto por los medios - es igual que hablar de la pornografía y como ha destruído sociedades completas - y por lo mismo cualquiera que se atreva ha hacerlo tendrá precio su cabeza. Pero antes que nada, la verdad y el que tenga miedo, seguirá colaborando en silencio a que la violencia y la impunidad se perpetúe por la eternidad.
A pesar de todo, debemos de ver la gran bendición que Guatemala tiene, pues con tanto arrebato de felicidad, Dios no nos deja caer y todavía existen esperanzas y una luz al final del túnel.

Quintus dijo...

Gracias por sus comentarios Goathemala. Idem Roberto, de paso totalmente de acuerdo con vos. Puse este artículo de The Economist porque es sin lugar a dudas la más prestigiosa del mundo, con todo y su orientación conservadora. Deja muy claro como el mundo ve a Guatemala, y que las constantes quejas contra el status quo no son nada más alucinaciones izquierdistas, algo que nuestros medios -y por lo tanto muchos otros que forman su opinión de ellos- se niegan a aceptar.

SR dijo...

"así es como el mundo vé a Guatemala", no podrías decir algo más cierto. Lo peor de este caso, es que el mundo lo vé así, sin embargo muchos guatemaltecos se han acostumbrado a considerarla una situación más o menos "normal".
Guatemala vive una epidemia de violencia que desafortunadamente no se soluciona con la famosa mano dura que se pregona en cada esquina de guate.
Hasta que no comprendamos- tanto líderes políticos como ciudadanía -que los cambios pueden ser sólo ocasionados con transformaciones profundas a nuestras estructuras, a nuestro Estado, vamos a seguir en las mismas condiciones.

Comentarista dijo...

Coincidentemete hace unos minutos hablaba de un tema similar con una joven exsecretaria de la empresa que acaba de regresar de una beca en Ciencias Políticas en Europa, y me contó acerca de la percepción que se tiene de nuestro país.

Una de las cuestiones que más me llamó la atención es que a pesar de la visión que se tiene de nuestro país, considera que en Guatemala existen muchas oportunidades para hacer cambios y se involucró en un grupo de jóvenes dentro de agrupaciones partidistas con miras a las elecciones del próximo año. "Es la magia de la juventud y el ímpetu que siempre promueve los cambios" dije para mí, aunque no sé porque estoy un poco más pesimista que otras veces. Creo que muchas de estas personas jóvenes creen en los cambios y traen el impulso, sin embargo creo que también se quedan cortos al contemplar que los cambios necesarios en Guatemala tienen que ser profundos y desde las estructuras.

Saludos.