lunes, 31 de octubre de 2005

Oda a Guatemala

Por Pablo Neruda

Guatemala
hoy
te
canto.

Sin razón,
sin objeto,
esta mañana
amaneció
tu nombre
enredado
a mi boca,
verde rocío,
frescura matutina,
recordé
las lianas
que atan
con su cordel silvestre
el tesoro sagrado
de tu selva.

Recordé en las alturas
los cauces invisibles
de tus aguas,
sonora
turbulencia secreta,
corolas amarradas
al follaje,
un ave
como súbito zafiro,
el cielo desbordado,
lleno como una copa
de paz y transparencia.

Arriba
un lago
con un nombre de piedra.
Amatitlán se llama.
Aguas, aguas del cielo
lo llenaron,
aguas, aguas de estrellas
se juntaron
en la profundidad aterradora
de su esmeralda oscura.
En sus márgenes
las tribus
del Mayab
sobreviven.

Tiernos, tiernos
idólatras
de la miel, secretarios
de los astros,
vencidos
vencedores
del más antiguo enigma.

Hermoso es ver
el vestido esplendor
de sus aldeas,
ellos se atrevieron
a continuar llevando
resplandecientes túnicas,
bordados amarillos,
calzones escarlatas,
colores
de la aurora.
Antaño,
los soldados
de Castilla enlutada
sepultaron América,
y el hombre
americano
hasta ahora
se pone la levita
del notario extremeño,
la sotana
de Loyola.
España
inquisitiva,
purgatoria,
enfundó los sonidos
y colores,
las estirpes de América,
el polen, la alegría,
y nos dejó su traje
de salmantino luto,
su armadura
de trapo inexorable.

El color sumergido
sólo en ti sobrevive,
sobreviven, radiosos,
los plumajes,
sobrevive
tu frescura de cántaro,
profunda
Guatemala,
no te enterró la ola
sucesiva
de la muerte,
las invasoras alas
extranjeras,
los paños funerarios
no lograron
ahogar tu corola
de flor resplandeciente.

Yo vi en Quetzaltenango
la muchedumbre
fértil
del mercado,
los cestos
con el amor trenzados,
con antiguos
dolores,
las telas
de color turbulento,
raza roja,
cabezas de vasija,
perfiles
de metálica azucena,
graves miradas, blancas
sonrisas como vuelos
de garzas en el río,
pies de color de cobre,
gentes
de la tierra,
indios
dignos como
monarcas de baraja.

Tanto
humo cayó
sobre sus rostros, tanto
silencio
que no hablaron
sino con el maíz, con el tabaco,
con el agua,
estuvieron
amenazados por la tiranía
hasta en sus erizados territorios,
o en la costa
por invasores norteamericanos
que arrasaron la tierra,
llevándose los frutos.

Y ahora
Arévalo elevaba
un puñado de tierra
para ellos,
sólo un puñado
de polvo germinal, y es eso,
sólo eso, Guatemala,
un minúsculo
y fragante
fragmento de la tierra,
unas cuantas semillas
para sus pobres gentes,
un arado
para los campesinos.
Y por eso
cuando Árbenz
decidió la justicia,
y con la tierra repartió fusiles,
cuando los
cafeteros
feudales
y los aventureros de Chicago
encontraron
en la casa de gobierno
no un títere despótico,
sino un hombre,
entonces
fue la furia,
se llenaron los periódicos
de comunicados:
ardía Guatemala.

Guatemala no ardía.
Arriba el lago
Amatitlán quieto como mirada
de los siglos,
hacia el sol y la luna relucía,
el río Dulce
acarreaba
sus aguas primordiales,
sus peces y sus pájaros,
su selva,
su latido
desde el aroma original de América,
los pinos en la altura
murmuraban,
y el pueblo simple
como arena o harina
pudo, por vez primera,
cara a cara
conocer la esperanza.

Guatemala,
hoy te canto,
hoy a las desventuras del pasado
y a tu esperanza canto.
A tu belleza canto.
Pero quiero
que mi amor te defienda.
Yo conozco
a los que te preparan una tumba
como la que cavaron a Sandino.
Los conozco. No esperes
piedad de los verdugos.
Hoy se preparan
matando pescadores,
asesinando peces de las islas.
Son implacables. Pero
tú, Guatemala, eres
un puño y un puñado
de polvo americano con semillas,
un pequeño puñado
de esperanza.
Defiéndelo, defiéndenos,
nosotros
hoy sólo con mi canto,
mañana con mi pueblo y con mi canto
acudiremos
a decirte “aquí estamos”,
pequeña hermana,
corazón caluroso,
aquí estamos dispuestos
a desangrarnos para
defenderte,
porque en la hora oscura
tú fuiste
el honor, el orgullo
la dignidad de América”.

jueves, 20 de octubre de 2005

La Revolución del 20 de Octubre

Mensaje a los traidores: No pudieron destruír la Revolución del 44, simplemente la interrumpieron por 60 años….

Agobiados por la multitud de problemas de a diario, los guatemaltecos a menudo soñamos con la llegada de un mesías. Una especie de Harry Potter que con su varita mágica cambie la cruda realidad nacional a algo mejor. Siendo optimistas, fijamos nuestra vista en el futuro, esperanzados de que nuestros nietos serán capaces de vivir en un país mucho mejor que el que nos tocó a nosotros. Atrapados en el juego futurista, ignoramos que una vez, nuestro país estuvo a la vanguardia de Latinoamérica. Nos olvidamos que una vez, Guatemala tuvo una admirable cohesión social, la misma cohesión social que hoy tanto nos evade y que es el elemento primordial del progreso.

Por alguna razón u otra, a las nuevas generaciones se nos habló nada o muy poco de La Revolución. Y es que cuando se estudian los postulados de La Revolución, se entiende inmediatamente que no necesitamos ni un mesías ni un nuevo ideario. La clave de nuestro futuro nos fué dada hace 61 años con un movimiento ciudadano que tuvo precisamente todo lo que el 15 de septiembre no tuvo: participación pluritaria, liderazgo genuino e ideales nobles.

Por doloroso que sea, es necesario que las nuevas generaciones también se enteren que la primavera democrática de Guatemala fué infamemente interrumpida por la intervención estadounidense de 1954, año que también marca el inicio del holocausto chapín –con la llegada de Carlos Castillo Armas- , y que habría de alcanzar su climax con la política de tierra arrasada de Ríos Montt. Décadas después, con la desclasificación de documentos secretos y confesiones de personas involucradas, la evidencia histórica es abundante y apunta su dedo castigador hacia el gobierno de los EEUU y a los infelices traidores que por un plato de lentejas decidieron despojar a un pueblo entero de lo que jamás serían capaces de darle. Hoy por hoy sabemos sin un ápice de duda que la mal llamada “liberación” fué una farsa brutal de la misma escala que la invasión a Irak. Al igual que no hubo armas de destrucción masiva en Irak, nunca existió un gobierno controlado por Moscú en Guatemala, independientemente de lo que la “prensa independiente” pudiera haber dicho en su momento.

Desde una perspectiva histórica, la Revolución del 44 es una fecha importantísima para Guatemala, independientemente de que los guatemaltecos estemos conscientes de ello o no. De ahí que sea extremadamente frustrante que a pesar de su importancia, los más recientes hallazgos históricos que exoneran a los gobiernos de La Revolución de las calumnias gringas no sean divulgados , ni mucho menos discutidos. Sin embargo, y para nuestro pesar, la intoleracia que se engendró con la intervención aún sobrevive dentro de las conscientemente ignorantes élites ubiquistas que aún controlan la economía y los medios de comunicación. Es por eso que ahora más que nunca es importante que los logros de La Revolución del 44 se divulguen a todas las generaciones que han sido deliberadamente privadas de conocer lo mejor de su historia.

Pero no podemos ver hacia el futuro sobriamente si en nuestros pechos aún se anida el resentimiento. Aprendamos las lecciones de La Revolución, y de la infamia de la intervención y sus secuelas. La nobleza de los ideales de La Revolución nos darán el valor de perdonar a los que tanto daño le han hecho al país. Y si de verdad queremos honrar la memoria de La Revolución y de los que murieron por ella, todo lo que tenemos que hacer es tener el coraje de ver hacia el pasado…¡Y aprender!

lunes, 10 de octubre de 2005

Reconstrucción

Una de las características de ésta página es la deliberada omisión de pronombres personales. Eso porque siempre he creído que si se quiere preservar la posición privilegiada de observador, es necesario neutralizar al ego, y así poder aspirar a la perennemente elusiva imparcialidad.

Pero esta vez es diferente. Originalmente, el título del blog iba a ser algo así como “Señor, ¿Qué Estamos Pagando?, pero decidí cambiarlo a algo enteramente personal. La magnitud de la tragedia de Stan me ha hecho ver que si quiero enviar un mensaje remotamente efectivo, las palabras tienen que salir del corazón de una persona de carne y hueso y no de una fría identidad impersonal.

No voy a redundar en el hecho obvio de que la tragedia de Stan puso al desnudo la fragilidad de nuestro país en todos los aspectos. Tampoco voy a hablar de los daños ni de los muertos. Eso ya lo han discutido muchos otros con mayor cantidad y calidad de información. El dolor es tanto que me dejó sin palabras para hablar de muertos, daños y más dolor.

En cambio voy a hablar de esperanza. La que nunca muere. Hablo de la necesidad de recontruír nuestro país sobre nuevos cimientos. Hablo de utilizar la tragedia de Stan como una oportunidad para crear un nuevo modelo de sociedad, más justa, solidaria y equitativa. Hablo de aprovechar la unidad que la tragedia trajo, para alcanzar los concensos que tanto nos han eludido. Hablo de la necesidad de aprender de nuestros múltiples errores y de lo estéril de nuestras peleas. Hablo de que algo, por fín, nos force a poner nuestras prioridades en el orden correcto.

Y me atreveré también a ver hacia el futuro. Veo una sociedad que por fín define la vida humana como su prioridad número uno. Veo un nuevo país, con nueva infraestructura física y social. Veo como la implementación de un manejo integrado de cuencas protegerá vidas y propiedades. Veo como los nuevos pueblos se reconstruyen con lineamientos técnicos viables. Veo como el estado no permitirá jamás que los más vulnerables construyan sus covachas en zonas inundables o acantilados. Veo como Guatemala se levanta de sus cenizas y alza el vuelo, contra todas las apuestas. Veo como los miles de personas que murieron, no murieron en vano.....

sábado, 1 de octubre de 2005

Certificados (II)

En la entrega anterior se discutió el tremendo abuso que se da cuando un gobierno extranjero emite juicios sobre el desempeño de otros gobiernos soberanos, y como los mismos personajes que critican la “constante intromisión” de entidades como la ONU , guardan el más cómplice de los silencios ante lo que es a todas luces un imperdonable abuso de parte del gobierno de los EEUU.

Los que por acción u omisión avalan la legitimidad del proceso de “certificación” argumentan su posición en la “obligación” que tienen los países del area de “colaborar” en lo que sea posible con el gobierno de los EEUU en su lucha contra las drogas. El quid pro quo que blanquea el sepulcro de la “certificación” lo constituye la “ayuda” que los gobiernos reciben para que puedan llevar a cabo sus “compromisos” de una mejor manera.

En realidad, los EEUU forzan los “compromisos”, controlan las operaciones y condicionan la “ayuda”, que no es sino una fracción del costo en que incurren nuestros paisitos por hacerle el trabajo sucio a los gringos. No puede tomarse con ligereza el que la DEA viole las leyes de Centro América y Colombia como jamás podría hacerlo en su propio país. Tampoco podemos olvidar que el destino final de las drogas no es Centro America sino los EEUU; de ahí que si los gringos son incapaces de solucionar sus propios problemas en casa, no es justo que se aprovechen de la vulnerabilidad de nuestros gobiernos para hacer micos y pericos con nuestra soberanía.

Con todo y la gravedad del problema, sería demasiado fácil culpar a los EEUU de todos nuestros males. Por doloroso que sea, tenemos que aceptar que para que los gringos hagan lo que hacen necesitan de la complicidad de nuestras élites apátridas, las cuales por temor a perder la visa (no se es nadie en Guatemala sin una), no tienen ningún escrúpulo en vender nuestra soberanía al mejor postor.

Si se quiere tener una patria que sea de verdad digna, debemos empezar por negarnos a recibir dádivas a cambio de prostituír nuestra soberanía. Y que no nos engañen con el truco de que nos van a cortar la “ayuda”. En primer lugar, el problema es de ellos y no nuestro. Además, ese chantaje puede ser fácilmente neutralizado al mejorar la recaudación, o -en el peor de los casos- elevar la carga tributaria en un 2%. Nuestra dignidad lo vale.