sábado, 24 de septiembre de 2005

Certificados (I)

En algunas escuelas de pre-primaria, cuando un niño hace algo bien la maestra le da una estrellita dorada o plateada como estímulo para que lo siga haciendo, una especie de “certificación”. Nadie se opone a este tipo de incentivos, ya que la sociedad entiende perfectamente que los niños pequeños necesitan la guía de adultos responsables.

Pero en el caso de naciones soberanas, las cosas son muy distintas. En el contexto del párrafo anterior, a una nacion pobre y pequeña no se le puede tratar como si fuera un niño de 3 años por los que son simplemente más grandes y ricos. De ahí que la “certificación” de los EEUU a países independientes no sea sino una intolerable afrenta que nunca debió haber sido permitida por los países “certificables”, los que –naturalmente-, no son todos.

La mínima decencia indica que si dependiera de los pueblos, éstos jamás permitirían que un gobierno extranjero les “certifique” el gobierno. Si el congreso salvadoreño un día decidiera evaluar al gobierno de Berger y concluyera que su gabinete está plagado de incompetentes y que necesita mejorar en esto, eso y aquello, se armaría un escándolo en Guatemala. Todos los medios de comunicación y todos los sectores políticos y sociales condenarían el abuso en un santiamén. Lo curioso del caso es que el gobierno de los EEUU hace exactamente lo mismo con lo de la "certificación" y nadie dice nada.

Si se da por sentado entonces que los pueblos jamás avalarían intromisiones como la famosa “certificación” cabe entonces preguntarse: ¿Quién le confiere el poder a los EEUU para juzgar las acciones de gobiernos que han sido democráticamente electos por sus respectivos pueblos? A primera vista pareciera que se trata del típico paternalismo abusivo y descarado de los gringos. Sin embargo, es de hacer notar que los gringos no podrían hacer lo que hacen sin la vergonzosa colaboración de las élites apátridas.

La responsabilidad de permitir la impunidad de la “certificación” recae principalmente en dos poderes del estado: el ejecutivo y la prensa. El ejecutivo como responsable de las relaciones diplomáticas tiene la potestad de protestar y negarse a hacerle el juego a los gringos. Tiene además la obligación legal de condenar cualquier acción de un gobierno extranjero que se perciba como una intromisión a los asuntos soberanos de Guatemala. Por razones que urgen ser investigadas, ninguno de los recientes gobiernos democráticos ha tenido la entereza suficiente para denunciar la “certificación” como una política fundamentalmente errada desde su concepción.

Si el ejecutivo ha sido inconsecuente con su pueblo, la prensa como conglomerado podría fácilmente ser calificada de traidora. Y es que la evidencia impresa apunta a que los medios más influyentes lejos de condenar el monstruo legal y moral de la “certificación”, no pierden cada oportunidad que tienen para congraciarse con la embajada en sus editoriales. Peor aún , actúan como proxies de los gringos, cuando se trata de criticar la labor del ejecutivo. Por si eso no fuera suficiente, han mantenido al pueblo en la ignorancia sobre el verdadero trasfondo de la “certificación”. Al final, no podemos sorprendernos que Juan Pueblo -que es analfabeto- y que lo único que ha aprendido en 500 años es a agachar la cabeza, no se inmute cuando otros agachan la cabeza en su nombre.

jueves, 15 de septiembre de 2005

La Pseudo Patria

El 15 de septiembre llega otra vez y las ignorantes masas celebran de nuevo algo que - si supieran leer- no tendrían razón alguna de celebrar: otro aniversario de la patria del criollo.

Por más de 180 años el pueblo de Guatemala ha sido engañado con la celebración de un movimiento que estuvo demasiado lejos de ser una verdadera independencia. Para la gran mayoría de guatemaltecos, el 15 de septiembre fué en realidad una cruel farsa. Peor aún, no sería la última. La “historia” oficial del país es en realidad una curiosa mitología diseñada para preservar un sistema semi feudal de explotación. Es cierto que las cosas han mejorado superficialmente, pero en realidad, la economía del país aún se basa en el mismo elemento primordial con que empezó hace 500 años: la explotación de seres humanos. Sean las condiciones paupérrimas de los ingenios azucareros, la explotación de las fincas cafetaleras, o los abusos surreales de las maquilas, la economía del país aún se basa - vergonzonzamente- en la ignorancia de su pueblo, misma que es cínicamente descrita por los neoliberales como “ventaja comparativa” cuando tratan de atraer la “inversión extranjera”.

Afortunadamente, los tiempos han cambiado y tanto ha ido el cántaro al agua que está listo para ser reciclado. El editorial de La Hora es una muestra palpable de la escritura en los muros. El pueblo de Guatemala ha dado muestras de estar cansado de que le estén dando atol con el dedo por 500 años. Todo apunta a que el futuro mediato no va a ser placentero. Después de todo Guatemala tiene todos los componentes para una balcanización. Pero independientemente de lo que suceda, la Guatemala del futuro puede ser solamente un mejor lugar para la mayoría de sus ciudadanos.

domingo, 11 de septiembre de 2005

Consuelo de Tontos

En todas partes se cuecen habas dice el dicho. De ahí que males sociales como la corrupción, el nepotismo y la incompetencia no son privilegio exclusivo de los países subdesarrollados. Esto viene a que recientemente, el diario The Washington Post publicó la nada reconfortante noticia de que de los 8 administradores más importantes de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA por sus siglas en inglés), 5 -incluyendo el mismo director- no tenían ni los méritos, ni el adiestramiento, ni la experiencia para los empleos que ocupan. Nos informa la nota del Washington Post que los méritos en que se basó el gobierno del presidente Bush para nombrarlos a tan importantes cargos, fueron simplemente el haber sido proselitistas en las campañas de Bush. Todo parece indicar que la práctica de premiar a partidarios políticos con jugosos empleos no se limita a la sufrida FEMA, y que el ahora expuesto problema de incompetencia y nepotismo en funcionarios de alto nivel es nada más la punta del iceberg.

Del fiasco burocrático en los EEUU se pueden desprender dos conclusiones importantes. Primero, los gringos no tienen la mínima solvencia moral para sermonear a otros (e.g. por medio del FMI o ente similar) sobre como manejar sus asuntos. Segundo, que aunque el nepotismo, la incompetencia y la ilegitimidad no son males exclusivos de los guatemaltecos, en Guatemala el nombramiento de un mecánico a un viceministerio despertó en su momento severas críticas de la prensa local (no estamos tan mal). Los periodistas estadounidenses en cambio, decidieron cerrar la puerta del corral días después de que partieran los caballos.

viernes, 2 de septiembre de 2005

Bienvenidos al Tercer Mundo

Después de todo, somos la misma especie.

La tragedia causada por el huracán Katrina en los EEUU pone de manifiesto que la conducta humana es esencialmente la misma en todas partes del mundo. Si las condiciones se prestan, los ciudadanos de las sociedades “más avanzadas” vuelven a su salvajismo natural al menor signo de peligro. De ahí que el salvajismo de la violencia guatemalteca no implica que Guatemala sea un país inherentemente más salvaje, sino simplemente uno donde la atmósfera de supervivencia es perenne.

Lo sucedido en Nueva Orleans también desmitifica la aureola de superioridad de los gringos, ya que pone al descubierto de una manera muy cruel los graves problemas sociales que les aquejan. Y es que ésta vez, las imágenes que le han dado la vuelta al mundo no son consistentes con las imágenes nirvánicas que Hollywood regularmente transmite como “típicas” de los EEUU. Lo mostrado por la TV ha de resultar un horrendo shock para los muchos europeos y latinoamericanos que idealizan el “estilo de vida” de los gringos, sin tener la menor idea de la realidad estadounidense. Y es que casi nadie divulga el hecho de que los EEUU tiene un muy buen porcentaje de su población viviendo en el tercer mundo. Katrina fué como una caja de pandora que expuso brutalmente las debilidades crónicas del modelo económico estadounidense. La respuesta inadecuada a la catástrofe, la ausencia total de liderazgo, el hecho de que la tragedia pudo haber sido mucho menor si se hubiera invertido en prevención, el abandono del que los más pobres fueron víctimas durante la evacuación, la política de armas de fuego y la curiosa coincidencia de que la gran mayoría de víctimas son negras fueron unos cuantos de los factores que pusieron a los EEUU a la par de cualquier país del tercer mundo. Y como sucede a diario en los países del tercer mundo, los más fregados ante cualquier tragedia son siempre los segmentos más vulnerables de la población.