martes, 26 de abril de 2005

Gerardi y su Lucha Contra la Amnesia

Siete años han pasado ya del brutal asesinato de Monseñor Gerardi y a pesar de que la justicia guatemalteca logró condenas y sentencias contra algunos de los implicados, quedan todavía algunas interrogantes con respecto a los detalles de su muerte. Es un misterio aún -por ejemplo- el papel que jugó el padre Orantes; también lo es la identidad de los autores materiales. Nos queda nada más esperar que -como suele suceder con hechos de ésta naturaleza- más detalles salgan a luz tarde o temprano.

A pesar de las dudas que quedan el sistema judicial puede darse por satisfecho con la conclusión del caso, especialmente cuando se consideran las fortísimas presiones y amenazas de muerte bajo las que se juzgó. Sin lugar a dudas, el logro mayor de los administradores de justicia fué haber identificado y plenamente establecido el móvil por el que Monseñor Gerardi fué inmolado: la publicación del Informe REHMI. Tomando en cuenta las circunstancias y el perfil elevado de la víctima, la identidad de los autores materiales pasa en realidad a segundo plano. Y es que la importancia del Informe REHMI no podrá ser completamente apreciada hoy en día, como habrá de serlo en el futuro, cuando mentes más frías y menos comprometidas se encarguen de analizar de lejos la historia del siglo XX en Guatemala. Tarde o temprano, cuando las condiciones se den, el Informe REHMI será más que una valiosa compilación histórica: será una herramienta para dictar política que tiene el potencial de transformar por completo a la sociedad guatemalteca.

Para los historiadores, el caso Gerardi será de trascendencia única en más de una manera. Nunca en la historia del país se había asesinado a un alto jerarca de la Iglesia Católica. Fué también la primera vez que se logró la condena de los autores intelectuales de un crimen de alto impacto político. Desde una perspectiva histórica, el asesinato de Monseñor Gerardi será el terrible colofón del Informe REHMI.

Con todo y la dificultad con que los procuradores de justicia llegaron al final del caso Gerardi, es de lamentar que una parte significativa e influyente de la sociedad guatemalteca se resiste a aceptar los fallos de las cortes. Algunos dinosaurios que aún viven en psicosis de guerra llegaron al extremo de traer extranjeros para que vinieran a escribir un libro diseñado específicamente para contradecir los hallazgos de la Corte Suprema de Justicia. Bajo la cubierta de la libertad de expresión, más de algún irresponsable –que a todas luces no había leído ni el Informe REHMI ni los documentos de las cortes- no escatimó esfuerzos en cuestionar la legalidad de los fallos. Y es que lo peligroso de prestar la pluma y pretender atribuír el crímen a la delincuencia común va mucho más allá de la obtusidad ideológica. Al negar que el móvil del asesinato de Monseñor Gerardi fué político se está negando la veracidad histórica del Informe REHMI, el equivalente moral de negar el holocausto judío.

Monseñor Gerardi dió su vida por que se conociera la historia que hasta hoy en día aún es desconocida por la mayoría de guatemaltecos. Su enemigo mayor fué la amnesia colectiva, una de las peores formas de injusticia. De ahí que para honrar la memoria de Monseñor Gerardi lo menos que podemos hacer los guatemaltecos es leer el Informe REHMI.

lunes, 18 de abril de 2005

Guatemala, Nación Prostituta

Con el perdón de las sexoservidoras honradas y dignas, tenemos que aceptar que nuestro país cada día se vuelve menos y menos respetable y soberano en el concierto de las naciones libres. A diferencia de las prostitutas profesionales, -que dígase lo que se diga aún les queda el decoro de decidir con quien se acuestan-, nuestro país jamás puede decir que no al proxeneta que la violó y la sigue violando a su sabor y antojo con vergonzante impunidad.

De nada ha servido la historia ampliamente documentada, ni que la identidad y plena culpabilidad del proxeneta sean del conocimiento público. En la mente de los excretables lacayos de siempre, la guerra fratricida que nos dejó 200,000 muertos no fué una lección lo suficientemente dura como para revisar los fundamentos de nuestra política exterior.

Por si tener un amo de tal calaña no fuera suficiente, nuestra reputación se ha deteriorado tanto que cualquier hijo de vecino viene ahora a hacer lo que le da la gana con las hilachas de nuestra dignidad. Y es que es muy difícil esconder la precariedad de nuestra situación cuando se sabe que un ex presidente recibió sobornos de otro gobierno proxeneta. Si un presidente está dispuesto a venderse por dinero, ¿qué podría esperarse de los que no le llegan en dignidad? ¿Qué puede esperarse de los mercaderes de la política y la prensa?

Con plena consciencia de nuestra patética realidad, no debería ser sorpresa entonces la ratificación a campo traviesa del TLC, la defensa casuística de los malos negocios, la condena contra Cuba en la ONU y la asqueante desfachatez con que a pesar de las pruebas del soborno a Portillo, el gobierno de Berger se bajó de nuevo el pantalón ante Taiwan por unas pocas monedas.

martes, 5 de abril de 2005

Juan Pablo El Grande

Muchísimos se han pronunciado al respecto. Todo lo que tenía que ser dicho se ha dicho. Al mismo tiempo que llora su ausencia, la humanidad entera celebra la vida y obras de Karol Wojtyła, un hombre que cambió la historia del mundo.

Ninguna cantidad de palabras podrá describir el efecto que las ideas, principios y obras de Juan Pablo II tuvo en las vidas de los millones de personas que tuvieron la suerte de compartir este mundo con él. Su vida terminó, pero su legado apenas empieza.