domingo, 3 de julio de 2005

Dime de Qué Escribes y te Diré Quien Eres

¿En nombre de quién habla Prensa Libre, cuando defiende prácticamente todo lo que atenta en contra de los intereses nacionales y la democracia? ¿Para quién trabaja Prensa Libre cuando defiende un proyecto particular de minería, una hidroeléctrica, el TLC con los EEUU, las relaciones con Taiwan o los cambios a la ley de medicamentos genéricos? ¿Porqué Prensa Libre dice ser guardián de la democracia y se niega a reconocer la validez del referendo de Sipacapa o las nueve victorias consecutivas de Hugo Chávez? ¿No le ha sido suficiente a Prensa Libre haber pasado a la historia como el medio que cogobernó con los militares durante las dictaduras, o haber sido la caja de resonancia de la embajada de los EEUU?

Nadie pone en duda que la prensa es el cuarto poder de un estado. Nadie tampoco duda que en muchos casos, la prensa goza de más poder que cualquiera de los otros poderes. Pero el que la prensa tenga poder no sería problema sino fuera porque -a diferencia de los funcionarios electos- los miembros de la prensa no tienen que rendirle cuentas a nadie, por lo menos no públicamente y ciertamente no al pueblo que dicen representar. En el caso de Prensa Libre, para nadie es un secreto que trabajan para sus anunciantes, cuyos intereses se nutren del status quo y son por lo tanto contrarios a los del pueblo de Guatemala.

El pecado original de la prensa en cualquier país es que es - casi sin excepción-, un negocio primero y un servicio público después. Este obvio conflicto de intereses es un defecto de nacimiento que las democracias se han resignado a padecer de por vida, ya que cualquier intento por establecer un paradigma menos perjudicial para la sociedad se encontraría con una férrea oposición de precisamente los mismos que han hecho un negocio de controlar la opinión pública y que no vacilarían un instante en utilizar para su propio beneficio, el enorme poder que tienen en sus manos.

Queda nada más la utópica esperanza de que algún día, una nueva constitución provea un nuevo paradigma democrático donde no existan listados nacionales, elecciones por planilla, candidatos nombrados a dedo, ni el obsceno espectáculo en el que la ley de emisión del pensamiento se doblega ante la libertad de empresa. Que sean los periodistas los que se regulen a sí mismos y que la ley los proteja de los que ven en un medio de comunicación un vulgar negocio.

5 comentarios:

José Joaquín dijo...

La Hora es el único diario que hace un poco de balance en el asunto. Leé la sección editorial de elPeriódico el día de hoy 05 de julio, es casi lo mismo. Siglo XXI es la misma cosa. Los demás diarios no tienen mayor opinión.

Por cierto, vos te quejaste de que no te devolví el mail cuando venías para Guate, pero sí lo devolví. De plano que se ha de haber ido para la bandeja de spam. Recibí tu correo sobre el cuestionario. Gracias.

Quintus dijo...

Aun cuando adolece de pequeños defectos, La Hora es el único medio que da muestras genuinas de independencia y de verdadera pluralidad en las columnas. Aparte de eso, me gusta mucho su enfoque cien por ciento guatemalteco, donde los que escriben no lo hacen como si vivieran en Miami. Y me contaba alguien que La Hora tiene mucha más influencia de la que parece dentro de los círculos intelectuales y políticos. Que lástima que esa influencia no se traslade a las masas.

Roberto Iza Valdes dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Roberto Iza Valdes dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Iza Roberto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.