jueves, 26 de mayo de 2005

Dios Tarda Pero No Olvida

Mejor testigo de ello no podría ser el genocida chileno Augusto Pinochet, quien la semana pasada fué públicamente desenmascarado nada más ni nada menos que por su lugarteniente, el general Manuel Contreras. Y es que a pesar de que la responsabilidad de Pinochet en el holocausto chileno era una verdad establecida, las pruebas documentales o los testigos que lo incriminaran directamente eran relativamente escasos. Al final del día, el traidor Pinochet se enteró de la manera más poéticamente justa que él tampoco es inmune a la traición.

A juzgar por la reacción hepática y la inmediata acusación de traición, fué evidente que ni Pinochet ni su camarilla contaban con la astucia del ex director de la DINA, quien equipado con cientos de expedientes, se dió el lujo de detallar los nombres, métodos de tortura utilizado y paradero final de 580 ciudadanos chilenos que se consideraban oficialmente como “desaparecidos”. La sociedad chilena, (especialmente los muchos seguidores de Pinochet), aún no se repone del shock que semejante noticia les trajo. El mundo queda a la expectativa de ver que sucede con Pinochet, especialmente ahora que la justicia chilena ha dado incuestionables muestras de madurez e independencia.

A pesar de que los motivos que tuvo Contreras para acusar a su ex jefe tienen un componente casi exclusivamente personal, el caso es paradigmático, porque abre las puertas para que otros militares latinoamericanos entiendan la importancia no solo de poner los puntos sobre las íes de la historia latinoamericana, sino de señalar y castigar a los verdaderos responsables.

Ojalá que en Guatemala , donde las atrocidades fueron muchísimo mayores que en Chile, surga algún militar con el temple del general Contreras y nos confirme con documentos y lujo de detalles el genocidio planeado por carniceros de apellidos Lucas, Ríos y Mejía entre otros. Guatemala ya está lista para empezar a escribir su verdadera historia.

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