lunes, 18 de abril de 2005

Guatemala, Nación Prostituta

Con el perdón de las sexoservidoras honradas y dignas, tenemos que aceptar que nuestro país cada día se vuelve menos y menos respetable y soberano en el concierto de las naciones libres. A diferencia de las prostitutas profesionales, -que dígase lo que se diga aún les queda el decoro de decidir con quien se acuestan-, nuestro país jamás puede decir que no al proxeneta que la violó y la sigue violando a su sabor y antojo con vergonzante impunidad.

De nada ha servido la historia ampliamente documentada, ni que la identidad y plena culpabilidad del proxeneta sean del conocimiento público. En la mente de los excretables lacayos de siempre, la guerra fratricida que nos dejó 200,000 muertos no fué una lección lo suficientemente dura como para revisar los fundamentos de nuestra política exterior.

Por si tener un amo de tal calaña no fuera suficiente, nuestra reputación se ha deteriorado tanto que cualquier hijo de vecino viene ahora a hacer lo que le da la gana con las hilachas de nuestra dignidad. Y es que es muy difícil esconder la precariedad de nuestra situación cuando se sabe que un ex presidente recibió sobornos de otro gobierno proxeneta. Si un presidente está dispuesto a venderse por dinero, ¿qué podría esperarse de los que no le llegan en dignidad? ¿Qué puede esperarse de los mercaderes de la política y la prensa?

Con plena consciencia de nuestra patética realidad, no debería ser sorpresa entonces la ratificación a campo traviesa del TLC, la defensa casuística de los malos negocios, la condena contra Cuba en la ONU y la asqueante desfachatez con que a pesar de las pruebas del soborno a Portillo, el gobierno de Berger se bajó de nuevo el pantalón ante Taiwan por unas pocas monedas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ouch!

Mariposa dijo...

De acuerdo. la realidad duele.