domingo, 13 de marzo de 2005

República Bananera

En la década de los ochenta, en un debate en el congreso, un diputado pasó a la historia diciendo:
- Guatemala señores… no es una república bananera…
- ¡Guatemala es una república ca-fe-ta-le-ra!…
La cantinflesca declaración ocurrió en los días en que era del dominio público que el país era gobernado no por el jefe de gobierno de turno, sino por la embajada de los Estados Unidos. Entonces la embajada sabía muy bien que para controlar al país todo lo que tenía que hacer era controlar al ejército. Dada la estructura vertical de éste, la tarea se reducía a comprar, cooptar o chantajear a los militares que ocupaban la cúpula. Por otro lado, un crímen moral de magnitud similar sucedía con los medios de comunicación más importantes. Estos, por motivos puramente ideológicos de sus dueños y por no cotrariar a sus anunciantes eligieron convertirse en cómplices de los militares al voluntariamente hacerse de la vista gorda ante los abusos cada vez más descarados de estos. En retrospectiva, a juzgar por la evidencia de la hemeroteca y con el conocimiento de muchos hechos que hoy se tiene, el envolvimiento de la prensa en cogobierno con los militares y la embajada gringa fué poco más que evidente.

Por si lo anterior fuera poco, harta evidencia existe que las leyes que el congreso habría de considerar provenían directamente de la embajada y que habían sido redactadas originalmente en inglés. A nuestros diputados se les tomó por sentados e independientemente del tema, siempre se podía contar con su anuencia. Los votos en la ONU, OEA o en cualquier foro internacional siempre fueron predeciblemente alineados con la voluntad de Washington.

Se podría pensar que para alcanzar sus objetivos los operadores gringos tenían que elaborar programas sofisticados de cooptación, chantaje y soborno. En realidad, las élites guatemaltecas les facilitaban enormemente el trabajo, ya que con su atávico complejo de inferioridad se ponían de culumbrón sin que sus amos putativos se lo pidieran. Para nadie es un secreto que el embajador gringo contaba con “derecho” de picaporte. A los militares se les compraba fácilmente con dinero, quienes (era secreto a voces que) hacían lo mismo con miembros prominentes de la prensa. A otros miembros de las élites se les compraba con visas, contactos comerciales o el simple reconocimiento imperial. En esos tiempos, el que no tuviera visa gringa o el que no fuera invitado a eventos de la embajada era simplemente un don nadie. Era común que los que se consideraban miembros de la élite hicieran alarde de sus contactos con la embajada, tal y como lo hizo un conocidísimo columnista –hoy en día retirado- que se jactaba de haber sido operativo de la CIA

A pesar de su obvia responsabilidad, sería demasiado fácil adoptar una posición anti-yankee y empezar a echarle la culpa a los gringos de todas nuestras desgracias. En realidad los gringos simplemente han velado por sus propios intereses. No podemos culparlos de aprovecharse del hecho de que por cada Jacobo Arbenz hemos tenido cien Castillo Armas. No podemos ignorar el hecho de que los traidores, irresponsables, incompetentes, corruptos y genocidas han sido siempre guatemaltecos.

Al evaluar la manera en que las cosas funcionan hoy en día, se tienen suficientes motivos para suponer que no han cambiado del todo. Por ejemplo, la semana pasada se supo que el congreso aprobó los cambios a la ley de propiedad intelectual que la embajada solicitó por medio de sus operadores en el gobierno y en la prensa. Prevaleció impunemente la –no errónea- sino enteramente falsa noción de que los productos de marca necesitan 5 años más de protección. Si es hecho conocido que ningún país desarrollado provee esa clase de injustificada protección adicional, llora sangre que esto se haga en un país tan atrasado como Guatemala. Nadie de los que tienen voz tuvo la entereza de decir ésta boca es mía. Es vergonzoso el silencio de Prensa Libre, El Periódico y Siglo XXI, quienes - al mejor estilo de los viejos tiempos- al callar simplemente se convierten en cómplices de un crímen moral de tremendas consecuencias.

3 comentarios:

QVINTVS dijo...

Interesante coincidencia, ver columna de Juan Luis Font http://www.elperiodico.com.gt/look/article.tpl?IdLanguage=13&IdPublication=1&NrIssue=252&NrSection=5&NrArticle=9793

José Joaquín dijo...

Yo me acuerdo haber leído que Oscar Clemente asumía la responsabilidad de no haber publicado lo que los campesinos reclamaban en la crisis que desembocó en la quema de la embajada de España. Debe ser difícil hablar cuando tenés un fusil en la cabeza. La prensa conservadora siempre ha practicado la autocensura.

A mí siempre me ha parecido que a Arbenz (ya que tocás el tema) le faltó más paciencia para lograr los cambios. Bien se hubiera podido esperar algunos años más y llevarlos más lentos.

Quintus dijo...

Supongo que ha de ser difícil para Oscar Clemente vivir con eso.

Pero fijate que cuando Clemente Marroquín se vió en la misma posición, abandonó el país y siguió imprimiendo su periódico en el exilio. Esta alternativa a la autocensura definitivamente no es para todo el mundo....