domingo, 13 de febrero de 2005

Toma Chocolate, Paga lo que Debes

Ahora que el soborno descarado del gobierno de Taiwan al ex presidente Portillo ha sido expuesto, se habrá de poner a prueba la integridad de aquellos que contra toda lógica han permitido por décadas que el Estado de Guatemala –en contra de sus propios intereses- reconozca a Taiwan como nación.

Es de felicitar a La Hora, Prensa Libre y El Periódico, quienes a pesar de haber tenido “excelentes relaciones” con Taipei y a pesar de que muchos miembros de su personal han sido recipiendarios de dádivas del mismo, han tenido la entereza de denunciar el soborno a Portillo. Es muy importante para la dignidad del país que tres de sus más importantes medios de comunicación entiendan la gravedad del asunto. En el clamor por investigar el escándalo, es notable la excepción de Siglo XXI. Se ignoran las razones por las que tan importante medio aún no se ha pronunciado, ojalá que sea nada más cuestión de tiempo.

Ojalá también que los funcionarios, líderes, militares y periodistas que en algún momento recibieron “apoyo técnico”, becas o viajecitos entiendan que los taiwaneses siempre tuvieron motivos ulteriores para su inusitada generosidad. El momento de rediseñar la política exterior de Guatemala es ahora, y ponerle un alto a los abusos de Taiwan sería un buen comienzo.

Muy a pesar de las profundas raíces que la corrupción taiwanesa echó en el país, el primer indicio de que como nación vamos por el sendero correcto se dió en el mismo momento en que la prensa nacional denunció el escándalo. Obviamente los medios de comunicación entendieron lo poco saludable de su relación con Taiwan y –correctamente- aprovecharon la oportunidad para distanciarse. Por el bien de La Patria, es de esperarse que de ahora en adelante los medios no se permitan a sí mismos caer en el mismo error, ya que la evidencia muestra que ellos también pueden ser suceptibles a la manipulación y al soborno velado. Le queda ahora al gobierno -por el más elemental decoro-, detener cualquier tipo de “ayuda” proveniente de Taiwan, y reemplazarla con dinero limpio.

La tarea de eliminar la dependencia que los astutos diplomáticos taiwaneses crearon en nuestras misérrimas instituciones va a ser difícil, porque éstos han sido lo suficientemente hábiles para comprar numerosas voluntades dentro de todos los sectores de la sociedad. Para nuestra desgracia, son demasiadas las entidades y organizaciones que reciben “ayuda” de Taiwan; también son demasiados los comentaristas que por ignorancia, tendencia ideológica o simples sobornos defienden el status quo a capa y espada. Pero la dignidad e independencia del país son más importantes que cualquier relación. De ahí que lo menos que se puede esperar del gobierno del Presidente Berger es que también aproveche la oportunidad para enderezar el camino de nuestra política exterior. Ya es tiempo que aceptemos como nación que las "inversiones" de Taiwan nos han salido demasiado caras.


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