miércoles, 19 de enero de 2005

El Poder Infalible de la Violencia

En una cultura de violencia como la nuestra, todo lo que tiene que hacer cualquiera que desee imponer sus demandas al resto de la población es tomar una alcaldía, una carretera o un aeropuerto. Las medidas de hecho son más efectivas aún si se aderezan con quema de llantas, intimidación y chantaje. El que en el proceso se violenten las leyes del país no importa, ya que los perpetradores – conociendo o no la ley - estan más interesados en la consecución de resultados que en la preservación de un estado de derecho. Al final no tienen nada de que preocuparse porque en Guatemala nunca les pasa nada a los que forzan sus agendas de ésta manera. A todo ésto cabe preguntarse: ¿Serán así de simples las cosas?

Cuando hechos violentos ocurren, la posición simplista tradicional es de echarle la culpa a las masas ignorantes y a unos cuantos agitadores. La supuesta manipulación – y relativa inocencia- de las masas se dá por sentada, y la demonización recae en unos cuantos líderes a los que se les llama populistas, terroristas, ecohistéricos, exguerrilleros o cualquier otro epíteto de rigor que tenga garantizada una reacción negativa de los que reciben el mensaje. La descalificación se magnifica aún más cuando se determina que alguno de los agitadores es extranjero.

Si se toma como cierto el adagio violencia engendra violencia, cabría preguntarse, ¿Quién ha engendrado la violencia que vemos todos los días?. Si se quiere hacer un análisis profundo tenemos que aceptar para empezar que la violencia no se limita a lo puramente físico. Cuando los diputados le quisieron meter gol a la población con un aumento sin ningún tipo de debate, cometieron un acto violento. La reacción no se hizo esperar, y si los diputados no hubieran dado marcha atrás lo más probable es que hubieramos visto protestas masivas con los consabidos actos físicos de violencia. Cuando un juez de pueblo libera a un violador por medio de una mordida comete un acto de violencia cuyo resultado a menudo ha sido el linchamiento del supuesto criminal. Cuando el proveedor de un servicio público esencial decide aumentar las tarifas de la noche a la mañana está cometiendo un acto de violencia que –como hemos visto frecuentemente- tiene todo el potencial de terminar en tragedia. Recientemente, cuando el gobierno del Presidente Berger decidió dejar de lado las consultas con las comunidades que manda la ley cometió un acto de violencia que terminó con la muerte de dos personas en Los Encuentros. La lista de ejemplos puede ser interminable. De ahí que si se quiere detener el círculo vicioso que presenciamos todos los días, es imperativo que los poderes del estado y las élites del país entiendan que las acciones no tienen que ser físicas para ser violencia.

Es muy cierto que los guatemaltecos aún no estamos del todo acostumbrados a vivir en democracia. De hecho estamos tan acostumbrados a que se nos impongan las cosas que actuamos como si la violencia fuera el único método que funciona. Lamentablemente, aún no entendemos que los métodos violentos obedecerán siempre a las leyes de la física, donde para cada acción habrá de haber una reacción. Si queremos que las cosas cambien para bién, será entonces la responsabilidad de todos el aprender a buscar concensos.

2 comentarios:

wakalani dijo...

un poquín off topic... :$
crees que el sistema esta realmente dispuesto a buscar concensos? o la democracia que viven ahí es más de lo mismo: escoja a su dictador favorito. no quisiera hablar de guatemala puesto que no conozco la realidad de alli a fondo, pero viviendo en centroamerica me atrevo a pensar que es bastante parecido aquí. la democracia tan publicitada es una farsa barata y de mal gusto que deja un mal sabor de boca, pero que de momento no hemos sido capaces de superar.

un saludo.

Quintus dijo...

Obviamente la habilidad de alcanzar concensos es un privilegio casi exclusivo de los países desarrollados. Pero eso no quiere decir que no se pueda hacer en nuestro medio. Será muy difícil, pero creemos que poco a poco mejoran las condiciones, por difícil de creer que te parezca nuestro optimismo.

Saludos