jueves 2 de febrero de 2012

Los Otros Genocidas


El inicio del proceso penal contra Ríos Mont rompió un tabú mediático de tres décadas que no solamente era una vergüenza nacional sino uno de los mayores obstáculos a la reconciliación genuina.

Las expectativas son muchas y variadas, pero independientemente del resultado final, la primera audiencia del caso contra Ríos Montt ha cambiado permanentemente la estructura tanto de los debates pospuestos artificialmente, como de los silencios que permitieron el tabú por tantos años. No es pequeño detalle el que los reportes de los miles de muertos atribuidos a Ríos Montt ahora ya tengan status legal. Más importante aún es que ya se hable libremente de lo que verdaderamente ocurrió. Es un logro significativo el que periodistas ultraconservadores como Gonzalo Marroquín y Dina Fernández se hayan visto forzados a manifestarse sobre algo que siempre supieron pero que por cualquier razón decidieron callar por décadas.

El editorial de el Periódico (2-2-12) donde se exige el esclarecimiento del asesinato de Alberto Fuentes Mohr es otro paso en la dirección correcta que sugiere que los guardianes de los tabúes mediáticos chapines empiezan a entender que es contraproducente querer seguir tapando el sol con un dedo. La denuncia del GAM contra la ORPA por la masacre del Aguacate es también evidencia que a pesar de todo, las cabezas frías, la responsabilidad y la madurez pueden prevalecer. A pesar que tenemos un presidente que dice sin pudor que "no hubo genocidio" (nada más masacres, asesinatos, secuestros, violaciones, etc), la existencia de medios verdaderamente independientes como Plaza Pública, el apoyo de la CICIG y los inusitados niveles de competencia en el MP nos dan esperanza.

Pero hay más tabúes que deben romperse. El más evidente es el del silencio sobre la participación de civiles en la incitación, planificación, justificación o negación del genocidio por el que se persigue a Ríos Montt, quien no pudo haber hecho todo lo que hizo sin cómplices. Es imperativo entender que sino hubiera sido por el tabú mediático de tres décadas, gente como Fernando Andrade, Alfred Kaltschmitt, Francisco Bianchi, Harris Withbeck y otros  jamás habrían sido “columnistas” u ocupado cargos importantes en el estado. El momento histórico para desenmascararlos ha llegado al fín.

De los civiles que colaboraron con el régimen de Ríos Montt, el primero que debe ser procesado por crímenes de lesa humanidad es Fernando Andrade Díaz-Durán, mejor conocido como “Pelo Lindo”. Sobre este personaje pesa la responsabilidad de haber negado la existencia de políticas contrainsurgentes y violaciones a los derechos humanos, desarrollar la estrategia que le dio legitimidad en el exterior a los regímenes militares para los que trabajó y haber evitado reconocer a la guerrilla como beligerante. Si la guerrilla hubiera tenido status de beligerante el Estado de Guatemala se hubiera visto obligado a acatar la convención de Ginebra y los civiles en las áreas de conflicto hubieran gozado de protección inmediata. Sino hubiera sido por Pelo Lindo, una especie de Kissinger tropical, el número de víctimas hubiera sido muchísimo menor. No deja de ser una cruel ironía que a pocos días de la audiencia de Ríos Montt, el ahora ex columnista de el Periódico anunciara que regresa al servicio exterior a petición del presidente. ¡Qué tal!

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lunes 30 de enero de 2012

No general Ríos, no fue valentía*


 Una de las características del mal, entendido en su esencia, es su capacidad de astucia, y es una de las particularidades que posee el general Efraín Ríos Mont.

Este militar, hoy ligado a proceso por genocidio y delitos contra los deberes de humanidad se presentó "voluntariamente" ante las autoridades competentes para evitar el escarnio de ser enchachado y conducido como un criminal.

Además, logró con ello que le impusieran la prohibición de salir del país y, sin perjuicio del criterio de la Señora Jueza (con mayúsculas) Carol Patricia Flores, esta medida le favorece porque, si pone un pie fuera de las fronteras patrias, puede ser capturado bajo el principio de justicia universal. También, el hecho de presentarse voluntariamente le permitió una medida sustitutiva. ¿Habrase visto más astucia en otro de los enjuiciados por los mismos delitos, incluso a nivel mundial? No, absolutamente no. El mal es astuto, sagaz, artero, mezquino y roñoso.

Visto así el panorama, el general (con minúscula), no fue valiente sino marrullero en todo el sentido de la palabra, porque la cobardía que lo ha acompañado toda la vida le hace temblar ante los fantasmas de sus muertos que han de turbarle el sueño. ¿Ya se olvidaron acaso las declaraciones de los triunviros a quienes mandó al carajo una vez tomó el poder? Recuerdo perfectamente las confesiones de uno de ellos quien sin tapujos dijo que cada vez que había un conato de golpe de Estado el general se desaparecía ipso facto para reaparecer cuando el peligro había pasado. Y sus erráticas decisiones provocaron que otro general, hoy imposibilitado médicamente para enfrentar un juicio, le moviera la silla, a él y a sus ancianos de la secta Verbo que hasta llegaron a tener una oficina en el Palacio Nacional. Por eso digo contundentemente: 

No general, no fue un acto de valentía, su actitud fue otro de sus tantos actos de cobardía.

En cuanto a sus –hoy quizá sí–, ancianos, a mi saber y entender, deben ser investigados. Usted mismo declaraba en la televisión que eran sus consejeros y lógicamente, han de haber estado enterados de sus abominables medidas.

Sus fantasmas no le quitan el sueño solamente a usted. También me lo quitan a mí. Yo era cirujano en el Hospital Regional de Cobán cuando usted gobernaba de facto y los cadáveres que llegaban a la morgue (cuando llegaban), parecían sacados de una pesadilla diabólica: mujeres asesinadas, previamente violadas y torturadas patológicamente; niños despanzurrados; q’eqchíes masacrados y era horrible escuchar, cuando alguien sobrevivía, narraciones tan pero tan espantosas que solamente las creíamos porque salían de labios sin razón para mentir. Y debo reconocer que cuando el general Mejía Víctores lo mandó a freír papas, esas dantescas escenas disminuyeron ostensiblemente. Pero aún sueño esas infamias general, aún las sueño. Y si alguien tiene duda de que esos hechos hayan sucedido, simplemente lea la acusación formulada contra usted por el Ministerio Público, el Informe REMHI y el Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico.   
Sé que muchos pensarán que estoy haciendo leña de un árbol que empieza a caer pero no, no es así. Siempre mantuve una postura digna frente a su detestable persona. ¿Recuerda cuando nos quiso imponer en los hospitales el uso de un gafete que decía: No robo, no miento y no abuso? Pues, a pesar de los orejas que tenía por todos lados, yo no lo me lo colgué en la bata;  de igual manera, no me presté a la aberración de ser patrullero civil y si no me mataron fue porque en aquella época hubo militares con inteligencia y honor quienes finalmente, le dieron vuelta de gato.  Bien por ellos y por la Patria.

Años más tarde, me le enfrenté en un salón social de Cobán llamado Sociedad de Beneficencia. Usted ya no era jefe de Estado sino candidato y su manita de no robo, no miento y no abuso la había convertido en ícono de su partido. Esa vez comenzó su acostumbrada perorata: “Usted profesional, usted doctor, usted enfermero, usted papá, usted mamá, usted es ladrón, usted es prostituto porque miente, roba y abusa…” Yo general, no di cabida a sus sandeces, y en aquella ocasión, el único que tuvo una actitud aceptable ante mis argumentos fue uno de los miembros de su equipo quien me dio la razón, –por supuesto en voz baja. Usted me evitó.

Espeluznantemente, después de la decisión de la Señora Jueza Carol Patricia Flores, he escuchado por radio a muchas personas defendiéndolo. Son aquellas y aquellos que no entienden que una cosa es la guerra (y quien se mete a ella sabe a qué se atiene) y otra masacrar niñas, niños, ancianos y mujeres. Eso no es gloria general, eso es crimen contra la humanidad.

Yo no defiendo a quienes, desde la guerrilla, quizá cometieron actos similares a los suyos. Si los hubo, deben ser juzgados. Yo defiendo la recta aplicación de la justicia y créame, no me alegro por lo que le está sucediendo, ¡vaya que no!, me alegra sí que la justicia esté recuperando en nuestra sociedad el lugar que debe tener. Me alegro que usted vaya a tener el derecho de defensa, el derecho de ser tratado como inocente hasta que no se demuestre lo contrario en sentencia firme luego de haber sido citado, oído y vencido en juicio. Es decir, que se haga valer su derecho al debido proceso. Y la aplicación de la justicia no es venganza. Pero debo recordar que usted instituyó los tribunales de fuero especial y quienes en esos aberrantes juzgados fueron sometidos a dizque juicio justo, no tuvieron aquellos derechos de los que usted gozará ahora.

No me extrañaría que salga bien librado del proceso al que se le ligó porque –insisto–, el mal es astuto. Sin embargo, cada pecado trae su propio infierno y usted ha empezado a vivir el suyo. Por ello, reitero mi afirmación: No general Ríos, su actitud, la de presentarse voluntariamente ante las autoridades competentes, no fue un acto de valentía.

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lunes 16 de enero de 2012

Tropico


Pocas cosas sintetizan el poco respeto que muchos en el mundo occidental sienten por los gobiernos latinoamericanos como Tropico, un juego de video de construcción y gestión tipo Sims basado en una isla ficticia en el Caribe. En Tropico, el presidente militar tiene la plena libertad de reprimir brutalmente a sus conciudadanos, enriquecerse con negocios del gobierno, cooptar, corromper, intimidar o desaparecer a sus enemigos, ser capo del narcotráfico o hasta de ser aliado de los gringos. Todas y cada una de las acciones del presidente tienen consecuencias, pero independientemente de lo que decida hacer, el presidente habrá de gozar de poder e impunidad absoluta.

La pomposa, anacrónica y militarista ceremonia de transmisión de mando, por ejemplo, nos hizo recordar que los creadores de Trópico no necesitaron mucha imaginación para dibujar una caricatura latinoamericana que más parece retrato. Muchos latinoamericanos creen que el poco respeto que se les tiene fuera tiene que ver con racismo. Cierto, el racismo existe, pero la verdadera razón del desprecio se explica en la ausencia de valores. Somos, intolerantes, machistas, hipócritas, racistas, e irrespetuosos de la ley.  Para acabarla de rematar somos militaristas y amantes del protocolo. Somos ridículos. El humor irreverente con que Tropico fue concebido sería menos gracioso si no fuera por lo mucho que la estructura del juego refleja la realidad de la política en las repúblicas bananeras.

El cantinflesco discurso de el presidente Pérez Molina fue totalmente congruente con la caricatura tropical, con todo y fanfarrea. No había necesidad de recordarnos que la descripción de su empleo incluye hacer que se cumpla la ley. Enumerar una por una las obligaciones cotidianas del Presidente no es precisamente visión. La re entronización del ejército fue indiscutiblemente un retroceso de décadas, la sola mención de las palabras inteligencia militar fue una ofensa a la memoria de miles de víctimas del conflicto.

Para ser justos, Pérez Molina habló de la necesidad de reconciliarse y de que las causas originales de la guerra aún existen. Pero es difícil ser optimista cuando para mucha gente que rodea a Pérez Molina la reconciliación consiste en “perdonar y olvidar”, y cuando se tiene la certeza de que Pérez Molina es el presidente del arcaico status quo agrario que únicamente puede ser rentable explotando la sangre, sudor y lágrimas de las paupérrimas mayorías. Si de verdad se quiere hablar de reconciliación, le corresponde al ejército elaborar su propio REHMI, pedir perdón y renunciar a la impunidad histórica. Si de verdad se quieren eliminar las causas originales del conflicto tenemos que hablar por lo menos de una reforma agraria, un programa masivo de educación y un plan nacional de industrialización.

A pesar de que no consideramos que Pérez Molina tenga la solvencia moral para ocupar la posición que ocupa le deseamos suerte. No nos hacemos muchas ilusiones pero ojala que pueda cumplir con sus promesas de mejorar la seguridad y eliminar la corrupción (los efectos, no las causas de la crisis), de pronto el presidente cree las condiciones para que algún día surja un estadista.

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jueves 12 de enero de 2012

De Cuestiones Culturales y Agua Azucarada


La industria azucarera chapina se jacta en sus anuncios de ser la más productiva del mundo, de su impresionante crecimiento y de su responsabilidad empresarial. Predeciblemente, no pocos columnistas responden deshaciéndose en halagos hacia el “progresista” sector azucarero cada vez que pueden. Como consecuencia lógica, el sector azucarero es el niño bonito del “sector privado” chapín.

Pero como muchas otras cosas en Guatemala, la realidad de la industria azucarera es bien distinta. Como muchas otras realidades chapinas, mucha gente no la conoce o no quiere conocerla. Pero un artículo de Plaza Pública pone al descubierto la realidad de la industria azucarera en Guatemala como nunca antes lo había hecho un medio convencional.  En un país tan atrasado como Guatemala, el descubrimiento del agua azucarada es algo digno de celebrar.

Por sorprendente que la realidad del espeluznante artículo le pueda parecer a más de alguna alma inocente que ha sido víctima de la campaña de relaciones públicas de los azucareros, no es –en realidad- nada nuevo. Es nada más y nada menos la causa atávica del atraso, la injusticia, la impunidad y el caos que nos caracteriza como el país más desigual de las Américas. No es exageración, no es hipérbole, no es un caso aislado. Es una muestra representativa de la realidad que justificó la existencia de la guerrilla. La realidad rentable que justificó la institucionalización de la polarización, la violencia y la impunidad que hoy sufrimos. Es la misma realidad que el ejército defendió y sigue defendiendo. La realidad de donde ha salido y sigue saliendo el dinero para corromper políticos, jueces y fiscales. Es la realidad que la prensa calla, ha callado por décadas y seguirá callando mientras los azucareros y sus socios continúen comprando anuncios.

La denuncia de Plaza Pública debe valorarse primero porque da al traste con la artificiosamente buena imagen de los azucareros; ahora se conoce el verdadero costo de la productividad y el crecimiento del sector y se sabe que la responsabilidad empresarial azucarera es una vil farsa. Segundo porque por muchísimos años los medios han surpimido el tipo de debate que la denuncia de Plaza Pública habrá de forzar en los medios electrónicos y redes sociales. Sería iluso esperar alguna reacción de las putas mediáticas que viven de las migajas del sector azucarero.

El debate sobre la realidad económica del país es impostergable. No es una “cuestióncultural”, como cínicamente la describe el sector azucarero, son los miles de millones de dólares que valen la sangre, sudor y lágrimas de nuestros campesinos y que son la base de una economía inhumana.

Fotografía: www.plazapublica.com.gt

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jueves 22 de diciembre de 2011

Hubris y la Bomba de Tiempo


Los antiguos griegos llamaban hubris a la debilidad humana manifestada en la exagerada o innecesaria arrogancia en medio del triunfalismo o la ira, como cuando Aquiles arrastró con su carroza el cuerpo de Héctor fuera de las murallas de Troya. No existe una traducción directa al español, sin embargo, los hispano parlantes podemos fácilmente reconocer el hubris en hechos históricos que van desde la conquista de América hasta el ajusticiamiento de Osama Bin Laden.

Los nazis, cegados por el hubris estaban tan seguros de una victoria absoluta y eterna que jamás les pasó por la mente que un día habrían de responder por sus deleznables crímenes. La misma naturaleza humana permitió al Ejército de Guatemala no solamente cometer las atrocidades que cometió sino también perseverar en los intentos fútiles de aniquilar la memoria histórica de las víctimas en el post conflicto.

Pero tal y como lo concibieron los antiguos griegos, al hubris -sea este nazi o chapín- siempre le sigue Némesis, la diosa del justo castigo. Pensó sin duda el status quo que con los mal llamados “Acuerdos de Paz” podrían tapar con un dedo el sol de la historia. Creyeron que con el control total de los medios tendrían garantizado el silencio sobre las verdades contenidas en los reportes REHMI y de la CEH.

Desde un punto de vista histórico en ésta historia que nada más empieza a escribirse, la narrativa oficial promovida por los medios y sus anunciantes hasta el momento sostiene que el ejército como garante del estado de legalidad derrotó militarmente a la guerrilla, una retahíla de facinerosos al margen de la ley cuya razón de ser y orígenes nunca ha sido necesario discutir. Hechos plenamente comprobables como que la guerrilla salió del mismo ejército, que nunca hubiera existido guerrilla sin los abusos del ejército o que los regímenes militares eran tanto o más ilegítimos que la guerrilla brillan por su ausencia en la versión oficial.

Treinta años después, el status quo y los medios siguen gritando a los cuatro vientos sin que nadie los contradiga que el ejército ganó la guerra militar. Desafortunadamente para el ejército, como habría de señalar Martín Rodríguez,  la confirmación constante de la veracidad de los reportes REHMI y de la CEH le está propinando una abrumadora derrota histórica que ni el silencio más feroz de Prensa Libre puede mitigar. De más está decir que las “glorias” de que el ejército hace alarde tienden a mermar cuando se confirma que la gran mayoría de los 200,000 “derrotados” fueron civiles desarmados, mujeres y niños.

Los guerrilleros por su parte se cubrieron mejor las espaldas no solamente porque admitieron abiertamente sus crímenes, sino porque colaboraron plenamente con los autores de los reportes. Este contraste con el obstruccionismo y hubris de los militares hizo que fuera de Guatemala se considerara que la guerrilla ganó la "guerra diplomática". Un muy dudoso triunfo cuando se toma en cuenta que fue la enorme torpeza del ejército la que se los dio en bandeja de plata.

Es de reconocer que el único frente en el que los guerrilleros sí fueron derrotados incuestionablemente fue el mediático. Prueba de ello es que la estrategia de demonización de la guerrilla de parte de los medios continúa intacta hasta el día de hoy. Las palabras guerrillero, comunista, socialista, etc, siguen siendo insultos o descalificadores capaces de destruir carreras y reputaciones.  En contraste, pero en plena congruencia con la narrativa oficial, los militares no tienen que lidiar con estigmas que les impidan participar plenamente en la vida política del país. En retrospectiva, resulta inconcebible que los guerrilleros hayan firmado la paz sin haber tenido una estrategia mediática para el post conflicto. No controlan ni un solo periódico, radio o canal de televisión mainstream que pudiera hacerle contrapeso a la narrativa oficial conducida por prácticamente todos los medios existentes.

Pero treinta años después de las atrocidades, cambios radicales en las condiciones sociales y tecnológicas del país hacen imposible que la farsa de la narrativa oficial se sostenga. Es ahora evidente que los acuerdos de impunidad  fueron simplemente una bomba de tiempo que tarde o temprano tenía que estallar.  El detonador será sin duda la tecnología que permite que medios alternativos como Plaza Pública, Albedrío, Wikileaks, blogs y las redes sociales erosionen poco a poco los tabúes de la memoria histórica que para los medios del status quo eran hasta hace poco intocables. Contra todas las expectativas, el mito de la derrota militar de la guerrilla se derrumba con la derrota histórica que se dio a pesar del triunfo mediático que por décadas neutralizó a la putativa derrota diplomática. 

Mientras las agujas del reloj avanzan, el pueblo se entera poco a poco que casi todo lo que se murmuraba o se callaba del ejército era cierto y que nunca existieron glorias de ningún tipo. Inexorablemente, al hubrís le habrá de seguir Némesis.

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miércoles 7 de diciembre de 2011

Perdón y Olvido a la Chapina


En su columna del 7 de diciembre del 2011, Mario Antonio Sandoval promueve un tipo muy peculiar de “perdón y olvido”. Dice Sandoval entre líneas respecto al conflicto armado interno que lo mejor que podemos hacer los guatemaltecos es “perdonar y olvidar” y que mañana será otro día. La memoria histórica, los detalles y el sentido común que se jodan.

Desafortunadamente para Sandoval este “perdón y olvido” sui-generis carece de la más elemental lógica. No es posible “perdonar y olvidar” hechos cuya veracidad no ha sido plenamente aceptada por las élites chapinas, incluida Prensa Libre, quien por lo que sabemos aún no se ha pronunciado sobre Guatemala Nunca Más (REHMI) ni sobre Memoria del Silencio (CEH). Cuando Sandoval o Prensa Libre se tomen la molestia de reconocer la existencia de estos dos documentos y adopten una posición sobre los mismos se les podrá tomar más en serio.

La ofensiva simpleza del llamado a “perdonar y olvidar” de parte de quienes no tienen la autoridad moral para hacerlo también desnuda la inmensa arrogancia de los que siguen creyendo que la realidad sigue siendo definida por los dueños de los medios impresos. No se ha enterado Sandoval que el mundo orwelliano en el que se podía manufacturar consentimiento desde los editoriales con total impunidad ya no existe.

Para ser justos, la (más intelectualmente defectuosa que ofensiva) premisa del “perdón y olvido” a la chapina no se la inventó Sandoval. Este monumento a la mediocridad salió de las mentes de militares y empresarios para quienes la ignorancia de las atrocidades del conflicto, responsabilidad por las mismas y sus causas es algo muy conveniente. ¿Será posible que Sandoval no sea capaz de entender que semejante proposición únicamente tiene sentido para el victimario pero jamás para la víctima o el testigo imparcial?
¿Hablaría alguna vez Sandoval con el embajador gringo de “perdonar y olvidar”9-11, Pearl Harbour o siquiera algo mitológico como El Álamo?

El olvido no es una opción decente ni racional. El país necesita saber qué pasó, quienes lo hicieron y porqué, sin ningún tipo de interferencia de parte de los que tienen algo que ocultar.

El perdón es algo más personal, pero también se rige por la lógica. Es imposible perdonar cuando no se sabe a quién perdonar. Es imposible perdonar cuando los crímenes aún no existen en los registros legales por acción u omisión deliberada de los que los cometieron. Es muy difícil perdonar cuando los victimarios niegan o hacen alarde de sus crímenes. Es más difícil aún perdonar cuando la memoria de las víctimas se sigue mancillando con llamados al olvido de parte de gente que nunca ha reconocido mucho menos denunciado los mismísimos crímenes para los que pide olvido.

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miércoles 2 de noviembre de 2011

El Rey de los Pendejos (Enfermo Como un Chiste de Velorio)

Dicen los expertos que en cualquier población humana, el coeficiente intelectual (CI) promedio debería ser de 100 puntos. De acuerdo a la Wikipedia, el CI promedio en Guatemala es 79 puntos. Esto simplemente confirma lo que ya sospechábamos, que colectivamente y en promedio, somos un país de pendejos.
 
No se necesita ser genio para darse cuenta que nuestras limitaciones intelectuales colectivas han sido aprovechadas por unos cuantos para vernos la cara (de pendejo por supuesto) una y otra vez. No es sino nuestro pendejismo colectivo el que permite que nos dejemos engañar repetidamente por los politicoides inescrupulosos que han hecho de la administración pública un obsceno negocio, el que nos creamos promesas de campaña imposibles, o que no seamos capaces de preveer las consecuencias de elegir a un criminal como presidente.
  
Y es que sólamente en un país de pendejos nos quejamos de la corrupción cuando no sólamente no tenemos una ley contra el enriquecimiento ilícito, sino permitimos corporaciones con acciones al portador y el secreto bancario, una combinación que hace de Guatemala un paraíso de la corrupción "legal" y el lavado de dinero. Sólamente en un país de pendejos nos preguntamos porqué tanto irrespeto a la vida y tanta impunidad pero permitimos que los asesinos que institucionalizaron el irrespeto a la vida y la impunidad anden libremente por las calles.
  
Para nuestra desgracia, y por si ser brutos no fuera suficientemente malo, nuestra moralidad colectiva es plenamente congruente con nuestros 79 puntos de CI. Aspectos fácilmente observables de nuestra idiosincracia como la forma en que tratamos a las mujeres, la forma en que dirimimos nuestras diferencias, nuestra tolerancia por lo mal habido y hasta el gusto por los chistes de Velorio ponen en evidencia que colectivamente somos una sociedad racista, homofóbica, misógina, corrupta, hipócrita, ignorante, intolerante y violenta. Somos un país de enanos morales que conciente o subconscientemente, hemos llegado a racionalizar y a aceptar un estado fallido violento donde la vida no vale nada como algo perfectamente normal.
   
Pero nuestras desgracias no terminan ahí. Magnifican nuestro pendejismo y enanismo moral una castración psicológica y un inmenso síndrome de Estocolomo que nos forzan a buscar la protección de los que históricamente nos han abusado. Somos un pueblo enfermo y cobarde. 
   
Hoy en día nos toca elegir entre dos gángsters. Una tragedia anunciada que es totalmente congruente con nuestra enfermedad. Y no vamos a defraudar, vamos a votar por la peor opción porque para los super pendejos (pendejos con CI abajo del promedio), ser "payaso" es peor que ser genocida. Los pendejos ignorantes no saben que  Pérez Molina es el epítome de la impunidad contra la que dice luchar.
Los pendejos hipócritas habrán de votar en contra de Baldizón por ser corrupto a sabiendas de que Pérez Molina es tanto o más corrupto que Baldizón. Los pendejos ignorantes y violentos votarán por Pérez Molina porque no entienden que la violencia que nos agobia es nada más un efecto cuya causa es el sistema injusto que Pérez Molina se ha comprometido a perpetuar con sus financistas.
   
Hace mucho tiempo que en Guatemala tocamos fondo. Sin embargo, con la inminente llegada de Pérez Molina a la presidencia empezaremos a cavar. Mientras en Argentina se condena a los represores, en Uruguay se eliminan las amnistías y en Brasil se crea una comisión de la verdad, en Guatemala nos movemos decididamente para atrás. La llegada de Pérez Molina a la presidencia resultará en la pérdida de la poca memoria histórica que hemos recuperado, la inmunidad garantizada para el genocidio militar, el descarrilamiento de todos los casos contra ex militares, la salida de la fiscal Paz y Paz del MP, y la reconstrucción de inteligencia militar, esta vez con fuentes ilimitadas de financiamiento. La falta de integridad que caracteriza a nuestro sistema hará que los supuestos contrapesos del congreso y las cortes sean facilmente cooptados, sobornados, chantajeados o intimidados.La sumisión y autocensura de los medios le habrán de garantizar un reinado sin oposición de ningún tipo. Los pendejos habremos electo entonces a nuestro rey. Y estaremos contentos sin duda.
 
 

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